Fui a la plaza
y compré un negrito.
Llegué a la casa
y se puso coloradito.
¿Qué es?
más adivinanzas de cosas de la casa...
Aunque soy iluminada siempre me tienen colgada.
Doy vueltas y no soy tiempo, un secreto sé guardar, si no me cuidan, me pierdo. ¿Con mi nombre sabrás dar?
Poseo dientes y ojos y para hacerme trabajar me has de meter en cerrojos.
Con patas y espalda, no se mueve ni anda.
Una caja en tu casa que te sube y que te baja.
Cuatro patas tiene, así como asiento; de ella me levanto y en ella me siento.
La cara que yo acaricio, dejo de seda al momento, porque ni un pelo se resiste a mi marcha, ¡buen invento!
Soy liso y llano en extremo, y, aunque me falta la voz, digo en su cara a cualquiera la más leve imperfección; contesto al que me pregunta sin lisonja ni aflicción, y si mala cara pone, la misma le pongo yo.
Del techo al suelo, cortada y fina, tela con vuelo.
Un barbecho bien labrado, ni entra mula, ni entra arado.
