La bruja con su manzana,
me hizo dormir,
pero el príncipe con su beso,
me despertó. ¡Qué feliz!
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Era un animal feroz, hasta pintarlo de rosa; ahora nos divierte mucho; lo feroz... ya es otra cosa.
Azul, o rosa, o cubista, siempre artista.
Me pinché con una rueca, y cien años me dormí, hasta que el beso de un príncipe, hizo que volviese en mí.
Le encanta la carne de ciervo y gamuza, le encanta la niña de la caperuza.
Una pedrada fue suficiente para que un pequeño rey hiciese su gesta más valiente.
De rojo me cubro sin ser amapola, mi abuela y el lobo completan la historia.
La bruja con su manzana, me hizo dormir, pero el príncipe con su beso, me despertó. ¡Qué feliz!
La voz me quitaron para caminar, y el príncipe amado, me fue a rescatar.
Es fácil este acertijo, ganó merecida fama ensartando una manzana en la cabeza de su hijo.
Por decir muchas mentiras, me ha crecido la nariz, pero, arrepentido luego, vuelvo a sentirme feliz.
