Larga y lisa, larga y lisa,
llevo puesta una camisa,
toda bordada, bordada,
sin costura ni puntada.
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En el campo me crié dando voces como loca; me ataron de pies y manos para quitarme la ropa.
Trabajar, siempre mucho trabajé; aunque nunca estudié en la escuela me conocen bien; algunos dicen de mí: «terco bicho es» y Pinocho mucho se asustó cuando en mí casi se convirtió.
Chao, chao, rabito «alzao».
Soy roja como un rubí y llevo pintitas negras, me encuentro en el jardín, en las plantas o en la hierba.
Soy pequeño y alargado, en dos conchas colocado, como no puedo nadar, me pego a las rocas del mar.
¿Quién hace su casa en la verde rama, y allí a sus hijos solicita y llama?
Alto, altanero, gran caballero, gorro de grana, capa dorada, espuelas de acero.
Alas de mil colores y se pierden entre las flores.
María Penacho parió un muchacho, ni vivo ni muerto, ni hembra ni macho.
Tengo ocho patas cargadas de ventosas, y paseo por las rocas, meciéndome en las olas. ¿Quién soy?
