Larga y lisa, larga y lisa,
llevo puesta una camisa,
toda bordada, bordada,
sin costura ni puntada.
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Es la reina de los mares, su dentadura es muy buena, y por no ir nunca vacía, siempre dicen que va llena.
Soy un turco pues sustento las mujeres que me dan, con quien hago de galán; repártoles el sustento, de celos padezco afán. Roja diadema me adorna, el traje Dios me lo dio, y aunque carezco de dientes tengo fama de cantor.
Alas de mil colores y se pierden entre las flores.
Te doy leche y mi lana, y para hablar digo: «beeeee», si no adivinas mi nombre yo nunca te lo diré.
Nunca pongo mala cara, aunque siempre me dan col, acierta bobalicón.
Mi reinado está en el mar, soy de peso regordeta; un día, siglos atrás, me tragué entero a un profeta aunque luego lo expulsé al pensar que estaba a dieta.
Piensa poco y salta mucho, dime su nombre que no te escucho.
Envuelto en un cobertor, haga frío o calor.
Es blanca como la nieve, es negra como el carbón, las patas como una vela, el cuello como una hoz.
Orejas largas, rabo cortito; corro y salto muy ligerito.
