Larga y lisa, larga y lisa,
llevo puesta una camisa,
toda bordada, bordada,
sin costura ni puntada.
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Tengo tinta, tengo plumas y brazos tengo, además, pero no puedo escribir, porque no aprendí jamás.
Mi nombre lo leo, mi apellido es pardo, quién no lo adivine, es un poco tardo.
Por más que se suena el moco le cuelga.
No lo parezco y soy pez, y mi forma la refleja una pieza de ajedrez.
De verde esmeralda sobre la tapiada, rabo rabilargo, pata estirada, corre que te corre, mocita salada.
Tiene ojos de gato y no es gato, orejas de gato y no es gato; patas de gato y no es gato; rabo de gato y no es gato, maúlla y no es gato.
Tiene famosa memoria, gran tamaño y dura piel, y la nariz más grandota que en el mundo pueda haber.
Un espléndido abanico que no produce pavor, sus alas, plumas y pico son reales, sí señor.
Alas de muchos colores se pierden entre las flores.
Con la primavera, llega la viajera. Su nido es de barro y su cola, de tijera.
