Larga y lisa, larga y lisa,
llevo puesta una camisa,
toda bordada, bordada,
sin costura ni puntada.
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Mi reinado está en el mar, soy de peso regordeta; un día, siglos atrás, me tragué entero a un profeta aunque luego lo expulsé al pensar que estaba a dieta.
No es león y tiene garra, no es pato y tiene pata.
Alto, altanero, gran caballero, gorro de grana, capa dorada, espuelas de acero.
Grandes patazas, chicas manitas, lindos colores en mis alitas, salto y no sé dónde caeré.
La jaula es su casa, su ropaje amarillo, con su canto alegra a todos los vecinos.
Es que el pobre ve tan poco que tampoco mira ya, topa que topa que topa, con la topa lo hallarás.
Tengo tinta, tengo plumas y brazos tengo, además, pero no puedo escribir, porque no aprendí jamás.
Un espléndido abanico que no produce pavor, sus alas, plumas y pico son reales, sí señor.
Aunque no soy florista trabajo con flores y por más que me resista el hombre arrebata el fruto de mis labores.
En el estanque me admiran, por mi elegancia y belleza tengo cuello largo y fino y muy bonita cabeza.
