Larga y lisa, larga y lisa,
llevo puesta una camisa,
toda bordada, bordada,
sin costura ni puntada.
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Chao, chao, rabito «alzao».
Viajeras somos de negros vestidos, debajo de las tejas hacemos los nidos.
Me roban mi vestidura porque la fuerza es su ley y visten con mis despojos desde el esclavo hasta el rey.
Soy pequeño y alargado, en dos conchas colocado, como no puedo nadar, me pego a las rocas del mar.
Con su trompa preparada pasa a tu lado zumbando, se posa en tu piel desnuda y tu sangre va chupando.
Sobre la vaca, la «o», a que no lo aciertas, no.
Soy un animal patoso, y cuento con muchas patas; pero, en cambio, sólo tengo un pico y un par de alas.
Con la primavera, llega la viajera. Su nido es de barro y su cola, de tijera.
¿Quién es el que hace, ya le pregunten o no, con la cabeza que sí y con la cola que no?
Orejas largas, rabo cortito; corro y salto muy ligerito.
