Llegamos sin cesar, una tras otra,
desde el mar a la playa a descansar.
A veces, sin embargo, más furiosas,
los barcos podemos destrozar.
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El que lo pica se hace pez, ¿Quieres que te lo diga otra vez?
Un truquito este pez tiene que no todo el mundo sabe: si a su nombre quitas la «ene», va y se transforma en ave.
Es la reina de los mares, su dentadura es muy buena, y por no ir nunca vacía, siempre dicen que va llena.
Ella no tiene pies, y si te descuidas, parece un pez.
Tengo tinta, tengo plumas y brazos tengo, además, pero no puedo escribir, porque no aprendí jamás.
En una cala del mar, aunque con muy mala pinta, dispuesto para pintar utilizando su tinta.
Soy el que jamás descansa y va y viene sin cesar. Nunca me puedo secar. Jamás te aburre mi danza. En presencia o añoranza tu siempre me vas a amar.
Adivina quien yo soy: al ir parece que vengo, y al venir, es que me voy.
No lo parezco y soy pez, y mi forma la refleja una pieza de ajedrez.
No pienses en otras cosas, que las tienes en el mar, o las ves llegar furiosas, o las ves mansas llegar.
