Lo rascaba llorando
de la crin a la cola
y en él se iba trotando
por una loma.
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Tengo tinta, tengo plumas y brazos tengo, además, pero no puedo escribir, porque no aprendí jamás.
Es tan grande mi fortuna que estreno todos los años un vestido sin costura, de colores salpicado.
Con su risa mañanera toda la playa alborota, pescadora y marinera.
Tengo ocho patas cargadas de ventosas, y paseo por las rocas, meciéndome en las olas. ¿Quién soy?
Dos pinzas tengo, hacia atrás camino, de mar o de río en el agua vivo.
Tengo alas y pico y hablo y hablo sin saber lo que digo.
No es cama, ni es león y desaparece en cualquier rincón
Grandes patazas, chicas manitas, lindos colores en mis alitas, salto y no sé dónde caeré.
Un bichito verde sobre la pared, corre que te corre, busca qué comer.
María Penacho parió un muchacho, ni vivo ni muerto, ni hembra ni macho.
