Me componen cuatro palos
impresos en cartulina.
Tengo reyes y caballos,
seguro que me adivinas.
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Sobre un camino de hierro, muchas sorpresas tendrás, subo y bajo bruscamente, a mucha velocidad.
Tengo caballos que suben y bajan, dan vueltas y vueltas y nunca se cansan.
Once jugadores del mismo color, diez van por el campo, detrás de un balón.
Cuando yo subo, tú bajas; si tú subes, bajo yo: a la misma altura nunca podemos estar los dos.
Veintiocho caballeros, de espaldas negras y lisas, delante, todo agujeros, por dominar se dan prisa.
Bajo mi carpa gigante, acojo a chicos y grandes; payasos y trapecistas son típicos en mis pistas.
Si sumas uno más uno evidente que da dos, y si da dos te descubro dos veces la solución de este juego de salón.
Es un bonito juego: tu te vas y yo me quedo; cuento, cuento, cuento y luego voy a tu encuentro.
Para bailar me pongo la capa y para bailar me la vuelvo a quitar, porque no puedo bailar con la capa y sin la capa no puedo bailar.
Un mundo de fantasía cargadito de ilusiones, despierta nuestra alegría entre tantas atracciones.
