Mis patas largas,
mi pico largo,
hago mi casa
en el campanario.
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Es blanca como la nieve, es negra como el carbón, las patas como una vela, el cuello como una hoz.
Piensa poco y salta mucho, dime su nombre que no te escucho.
Mi casa llevo a cuestas, tras de mí dejo un sendero, soy lento de movimientos, no le gusto al jardinero.
No lo parezco y soy pez, y mi forma la refleja una pieza de ajedrez.
Chao, chao, rabito «alzao».
Tiene ojos de gato y no es gato, orejas de gato y no es gato; patas de gato y no es gato; rabo de gato y no es gato, maúlla y no es gato.
En el estanque me admiran, por mi elegancia y belleza tengo cuello largo y fino y muy bonita cabeza.
De negro y en procesión adivina quiénes son.
Mi reinado está en el mar, soy de peso regordeta; un día, siglos atrás, me tragué entero a un profeta aunque luego lo expulsé al pensar que estaba a dieta.
Tengo ocho patas cargadas de ventosas, y paseo por las rocas, meciéndome en las olas. ¿Quién soy?
