Mis patas largas,
mi pico largo,
hago mi casa
en el campanario.
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Viajeras somos de negros vestidos, debajo de las tejas hacemos los nidos.
Lo rascaba llorando de la crin a la cola y en él se iba trotando por una loma.
Todo lo lleva delante, los colmillos para la lucha y la trompa para la ducha.
Chao, chao, rabito «alzao».
No es león y tiene garra, no es pato y tiene pata.
Hablo y no pienso, lloro y no siento, río sin razón y miento sin intención.
Este es un animal, de tal modo original, que al ponerse cara arriba, ya no se llama igual.
Me roban mi vestidura porque la fuerza es su ley y visten con mis despojos desde el esclavo hasta el rey.
Con su trompa preparada pasa a tu lado zumbando, se posa en tu piel desnuda y tu sangre va chupando.
Vuelo de noche, duermo de día y nunca verás plumas en ala mía.
