Mis patas largas,
mi pico largo,
hago mi casa
en el campanario.
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Voy con mi casa al hombro, camino sin tener patas, y voy marcando mi huella con un hilito de plata.
Adivina, adivinajera: no tiene traje y sí faltriquera.
Cargadas van, cargadas vienen y en el camino no se detienen.
¿Qué clarín suena en la noche que a todos desvela al punto? No es soldado, ni marino, ni músico de conjunto.
Dos torres altas, dos miradores, un quitamoscas, cuatro andadores.
Mi reinado está en el mar, soy de peso regordeta; un día, siglos atrás, me tragué entero a un profeta aunque luego lo expulsé al pensar que estaba a dieta.
Es tan grande mi fortuna que estreno todos los años un vestido sin costura, de colores salpicado.
Verde nace, verde se cría y verde sube los troncos arriba.
No vuela y tiene un ala, no es camión y hace «cran».
De frente miro al sol sin que me ciegue, más alto vuelo que ave alguna, símbolo soy de imperios y reyes y dos cabezas a veces me dibujan. ¿Quién soy?
