Mis patas largas,
mi pico largo,
hago mi casa
en el campanario.
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Orejas largas, rabo cortito; corro y salto muy ligerito.
Topó mi padre en la iglesia con uno vestido de negro, ni era fraile, ni era cura, que era lo que dije primero.
¿Qué animal de buen olfato, cazador dentro de casa, rincón por rincón repasa y lame, si pilla, un plato?
Nunca pongo mala cara, aunque siempre me dan col, acierta bobalicón.
Es que el pobre ve tan poco que tampoco mira ya, topa que topa que topa, con la topa lo hallarás.
Anda, nada, vuela, no gasta zapato, va dejando estela.
Chao, chao, rabito «alzao».
Lo mismo que un galgo valgo, su retrato soy y amigo, y si por el campo salgo, las liebres mucho persigo, y es cierto que no soy galgo.
El roer es mi trabajo, el queso mi aperitivo y el gato ha sido siempre mi más temido enemigo.
Cerca del polo, desnuda, sentada sobre una roca, suave, negra, bigotuda.
