Once jugadores
del mismo color,
diez van por el campo,
detrás de un balón.
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Veintiocho caballeros ataviados de levita, que se ponen en la mesa a jugar una partida.
Con la nieve se hace y el sol lo deshace.
Tengo caballos que suben y bajan, dan vueltas y vueltas y nunca se cansan.
Cuanto más y más lo llenas, menos pesa y sube más.
Juegan en la cancha más altos que bajos; meten la pelota dentro de los aros.
Todos corren, uno pita, dos detienen, muchos gritan.
En un suelo de baldosas unas blancas y otras negras, luchan reyes y peones, caballos, torres y reinas.
Bajo mi carpa gigante, acojo a chicos y grandes; payasos y trapecistas son típicos en mis pistas.
Son mis fichas amarillas, rojas, azules y verdes, si las comes y las pillas, tu te cuentas hasta veinte.
Tengo ruedas y pedales, cadenas y un manillar; te ahorras gasolina aunque te haga sudar.
