Sal al campo por las noches,
si me quieres conocer,
soy señor de grandes ojos,
cara seria y gran saber.
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Es blanca como la nieve, es negra como el carbón, las patas como una vela, el cuello como una hoz.
Soy dama cruel, temerosa, me paseo en verde prado, y todo aquel que me mira se queda muy espantado. Yo luzco un largo vestido que en tienda no fue comprado, no fue por mano de sastre, ni medido, ni cortado.
De un huevo sale, y para enviar mensajes vale.
Trabajar, siempre mucho trabajé; aunque nunca estudié en la escuela me conocen bien; algunos dicen de mí: «terco bicho es» y Pinocho mucho se asustó cuando en mí casi se convirtió.
Verde como el campo, campo no es, habla como el hombre, hombre no es.
Jamás de su casa sale y corre el monte y el valle.
¿Quién hace en los troncos su oscura casita y allí esconde, avara, cuanto necesita?
Un espléndido abanico que no produce pavor, sus alas, plumas y pico son reales, sí señor.
En alto vive, en alto vuela, en alto toca las castañuelas.
Con su trompa preparada pasa a tu lado zumbando, se posa en tu piel desnuda y tu sangre va chupando.
