Sal al campo por las noches,
si me quieres conocer,
soy señor de grandes ojos,
cara seria y gran saber.
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De frente miro al sol sin que me ciegue, más alto vuelo que ave alguna, símbolo soy de imperios y reyes y dos cabezas a veces me dibujan. ¿Quién soy?
¿Qué animal de buen olfato, cazador dentro de casa, rincón por rincón repasa y lame, si pilla, un plato?
Me roban mi vestidura porque la fuerza es su ley y visten con mis despojos desde el esclavo hasta el rey.
Jamás de su casa sale y corre el monte y el valle.
Soy dama cruel, temerosa, me paseo en verde prado, y todo aquel que me mira se queda muy espantado. Yo luzco un largo vestido que en tienda no fue comprado, no fue por mano de sastre, ni medido, ni cortado.
¿Quién hace en los troncos su oscura casita y allí esconde, avara, cuanto necesita?
Aunque no soy pajarillo canto sin ninguna pena y cuando en plural me usan represento la condena.
Dos torres altas, dos miradores, un quitamoscas, cuatro andadores.
Alto, altanero, gran caballero, gorro de grana, capa dorada, espuelas de acero.
Viste de chaleco blanco, y también de negro frac, es un ave que no vuela, pero nada. ¿Que será?
