Son mis fichas amarillas,
rojas, azules y verdes,
si las comes y las pillas,
tu te cuentas hasta veinte.
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Por come empieza y volar sabe, no es un avión, ni tampoco un ave.
¿Qué juego será, que aunque nos movamos siempre nos quedamos en el mismo lugar?
Todos dicen que me quieren para hacer buenas jugadas, y, en cambio, cuando me tienen me tratan siempre a patadas.
Veintiocho caballeros ataviados de levita, que se ponen en la mesa a jugar una partida.
Tengo caballos que suben y bajan, dan vueltas y vueltas y nunca se cansan.
Un arco arriba y tú debajo; un arco abajo, pasas por encima.
Un combate que se entabla muy lento o con rapidez; ninguno de los dos habla; las piezas son más de diez.
Alegría de niños soy por mi pausado vaivén; voy y vengo, vengo y voy y en muchos parques me ven.
Con caras muy blancas llenas de lunares a unos damos suerte, a otros, pesares.
Cuanto más y más lo llenas, menos pesa y sube más.
