Tengo nombre de ciudad,
con cierta fruta concuerdo
y muerdo en la realidad.
¿Qué soy?
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A mi me tratan de santa y traigo conmigo el día, soy redonda y encarnada y tengo la sangre fría.
Somos cien hermanitos, todos muy igualitos y estamos encerrados en un globo bonito.
Era un sol en miniatura y en el árbol la encontré. Cuando sin piel la dejé, me fascinó su frescura. ¿Qué es?
Ave soy, pero no vuelo; mi nombre es cosa muy llana: soy una simple serrana, hija de un hijo del suelo.
A esta fruta se le culpa y fue cosa del demonio, pues comieron de su pulpa los del primer matrimonio.
Tiene ojos y no ve, tiene agua y no la bebe, tiene carne y no la come tiene barba y no es hombre.
Si tú me quieres comer, me verás marrón peludo y no me podrás romper porque por fuera soy duro.
Somos verdes y amarillas, también somos coloradas, es famosa nuestra tarta y también puedes comernos sin que estemos cocinadas.
Amarillo por fuera amarillo por dentro y con un corazón en el centro.
Es santa y no bautizada, y trae consigo el día, gorda es y colorada y tiene la sangre fría.
