Tengo ocho patas
cargadas de ventosas,
y paseo por las rocas,
meciéndome en las olas.
¿Quién soy?
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Voy con mi casa al hombro, camino sin tener patas, y voy marcando mi huella con un hilito de plata.
Dos torres altas, dos miradores, un quitamoscas, cuatro andadores.
Iba una vaca de lado, luego resultó pescado.
Tiene famosa memoria, gran tamaño y dura piel, y la nariz más grandota que en el mundo pueda haber.
Por aquel camino va caminando quien no es gente; adivínelo el prudente que el nombre se quedó atrás.
Cuantas manos le dio el mar a este extraño pasajero que lo quieren contratar para que juegue de arquero ¿quién es?
Si la tienes tú la buscas, si no la tienes, ni la buscas, ni la quieres.
Larga y lisa, larga y lisa, llevo puesta una camisa, toda bordada, bordada, sin costura ni puntada.
La jaula es su casa, su ropaje amarillo, con su canto alegra a todos los vecinos.
Dos pinzas tengo, hacia atrás camino, de mar o de río en el agua vivo.
