adivinanzas para niños

Trabajar, siempre mucho trabajé;
aunque nunca estudié
en la escuela me conocen bien;
algunos dicen de mí: «terco bicho es»
y Pinocho mucho se asustó
cuando en mí casi se convirtió.

 

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Un espléndido abanico que no produce pavor, sus alas, plumas y pico son reales, sí señor.

En alto vive, en alto mora, en alto teje, la tejedora.

Todo lo lleva delante, los colmillos para la lucha y la trompa para la ducha.

Nadie admira tu cantar, ni tus patas, ni tu pico, ya que todos quedan prendados de tu abanico.

La jaula es su casa, su ropaje amarillo, con su canto alegra a todos los vecinos.

¿Quién hace en los troncos su oscura casita y allí esconde, avara, cuanto necesita?

Lo mismo que un galgo valgo, su retrato soy y amigo, y si por el campo salgo, las liebres mucho persigo, y es cierto que no soy galgo.

Salta y salta por los montes, usa las patas de atrás, su nombre ya te lo he dicho, fíjate y lo verás.

Lo rascaba llorando de la crin a la cola y en él se iba trotando por una loma.

Soy un animal patoso, y cuento con muchas patas; pero, en cambio, sólo tengo un pico y un par de alas.