Un combate que se entabla
muy lento o con rapidez;
ninguno de los dos habla;
las piezas son más de diez.
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Si sumas uno más uno evidente que da dos, y si da dos te descubro dos veces la solución de este juego de salón.
Bolitas pequeñas, de metal o de cristal, mételas en el hoyo y nunca perderás.
Veintiocho caballeros, de espaldas negras y lisas, delante, todo agujeros, por dominar se dan prisa.
Con caras muy blancas llenas de lunares a unos damos suerte, a otros, pesares.
Tengo caballos que suben y bajan, dan vueltas y vueltas y nunca se cansan.
Sobre un camino de hierro, muchas sorpresas tendrás, subo y bajo bruscamente, a mucha velocidad.
Para bailar me pongo la capa y para bailar me la vuelvo a quitar, porque no puedo bailar con la capa y sin la capa no puedo bailar.
Cuanto más y más lo llenas, menos pesa y sube más.
Once jugadores del mismo color, diez van por el campo, detrás de un balón.
Miras adelante, haces ejercicio, das a los pedales, tienes equilibrio.
