Un espléndido abanico
que no produce pavor,
sus alas, plumas y pico
son reales, sí señor.
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Vivo en el mar sin ser pez, y soy siempre juguetón, nunca me baño en el Rhin, pues soy el mismo del fin.
Va caminando por un caminito, no tiene alas y va despacito.
Nadie admira tu cantar, ni tus patas, ni tu pico, ya que todos quedan prendados de tu abanico.
El roer es mi trabajo, el queso mi aperitivo y el gato ha sido siempre mi más temido enemigo.
Tengo de rey la cabeza calzo espuela pavonada, llevo barba colorada, mi sueño temprano empieza y madrugo a la alborada.
Con cuello largo y finito se pasea muy feliz, sólo si fueras mosquito le verias la nariz.
Aunque no soy pajarillo canto sin ninguna pena y cuando en plural me usan represento la condena.
Es tan grande mi fortuna que estreno todos los años un vestido sin costura, de colores salpicado.
Canta cuando amanece y vuelve a cantar cuando el día desaparece.
En alto vive, en alto mora, en alto teje, la tejedora.
