Un espléndido abanico
que no produce pavor,
sus alas, plumas y pico
son reales, sí señor.
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Adivina quien soy yo. Que al ir parece que vengo, y al venir es que me voy.
Mis patas largas, mi pico largo, hago mi casa en el campanario.
En alto vive, en alto mora, en alto teje, la tejedora.
No vuela y tiene un ala, no es camión y hace «cran».
De China vengo, en Murcia vivo, como morera, seda fabrico.
Con su risa mañanera toda la playa alborota, pescadora y marinera.
Donde nadie sube, trepo, donde nadie anda, trisco, muy poco estoy en el valle, pues lo mío son los riscos.
Desde hace miles de años hemos transportado al hombre; ahora nos lleva escondidos en el motor de su coche.
Con su trompa preparada pasa a tu lado zumbando, se posa en tu piel desnuda y tu sangre va chupando.
Aunque no soy florista trabajo con flores y por más que me resista el hombre arrebata el fruto de mis labores.
