Un espléndido abanico
que no produce pavor,
sus alas, plumas y pico
son reales, sí señor.
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Dos torres altas, dos miradores, un quitamoscas, cuatro andadores.
A la orilla de los ríos, croan sin meterse en líos, saltos dan, mas no son osos sino animales verdosos.
Adivina quien yo soy: al ir parece que vengo, y al venir, es que me voy.
Canta cuando amanece y vuelve a cantar cuando el día desaparece.
Volando en el aire, y besando las flores, se pasa su vida, de luz y colores.
Dos pinzas tengo, hacia atrás camino, de mar o de río en el agua vivo.
Es negro como un curita y no se cansa de hacer bolitas.
Piensa poco y salta mucho, dime su nombre que no te escucho.
De China vengo, en Murcia vivo, como morera, seda fabrico.
Me roban mi vestidura porque la fuerza es su ley y visten con mis despojos desde el esclavo hasta el rey.
