Un espléndido abanico
que no produce pavor,
sus alas, plumas y pico
son reales, sí señor.
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Vivo en el mar sin ser pez, y soy siempre juguetón, nunca me baño en el Rhin, pues soy el mismo del fin.
Con nombre de perro empieza este curioso animal, que aunque nunca compra nada siempre con la bolsa va.
Zumba que te zumba, van y vienen sin descanso, de flor en flor trajinando y nuestra vida endulzando.
Sal al campo por las noches, si me quieres conocer, soy señor de grandes ojos, cara seria y gran saber.
Soy pequeño y alargado, en dos conchas colocado, como no puedo nadar, me pego a las rocas del mar.
Con cuello largo y finito se pasea muy feliz, sólo si fueras mosquito le verias la nariz.
Cerca del polo, desnuda, sentada sobre una roca, suave, negra, bigotuda.
Te doy leche y mi lana, y para hablar digo: «beeeee», si no adivinas mi nombre yo nunca te lo diré.
De colores verderones, ojos grandes y saltones, tenemos las patas de atrás muy largas para saltar.
Sin salir de su casa por todos los sitios pasa.
