Un espléndido abanico
que no produce pavor,
sus alas, plumas y pico
son reales, sí señor.
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Es blanca como la nieve, es negra como el carbón, las patas como una vela, el cuello como una hoz.
Alas de muchos colores se pierden entre las flores.
Tiene famosa memoria, gran tamaño y dura piel, y la nariz más grandota que en el mundo pueda haber.
Con nombre de perro empieza este curioso animal, que aunque nunca compra nada siempre con la bolsa va.
Mamífero rumiante de cuello alargado, por el desierto, errante, siempre anda jorobado.
Chao, chao, rabito «alzao».
Por aquel camino va caminando quien no es gente; adivínelo el prudente que el nombre se quedó atrás.
Mis patas largas, mi pico largo, hago mi casa en el campanario.
Iba una vaca de lado, luego resultó pescado.
Sobre la vaca, la «o», a que no lo aciertas, no.
