Un espléndido abanico
que no produce pavor,
sus alas, plumas y pico
son reales, sí señor.
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Nunca camina por tierra, ni vuela, ni sabe nadar, pero aún así siempre corre, sube y baja sin parar.
Con su trompa preparada pasa a tu lado zumbando, se posa en tu piel desnuda y tu sangre va chupando.
Quien es este que se arrima trayendo su casa arriba
Orejas largas, rabo cortito; corro y salto muy ligerito.
¿Qué es, qué es, del tamaño de una nuez, que sube la cuesta y no tiene pies?
Sin salir de su casa por todos los sitios pasa.
Hablo y no pienso, lloro y no siento, río sin razón y miento sin intención.
Con su risa mañanera toda la playa alborota, pescadora y marinera.
Envuelto en un cobertor, haga frío o calor.
Vivo en el mar sin ser pez, y soy siempre juguetón, nunca me baño en el Rhin, pues soy el mismo del fin.
