Un espléndido abanico
que no produce pavor,
sus alas, plumas y pico
son reales, sí señor.
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Avión minúsculo, picando en barrena sobre nuestro músculo.
De China vengo, en Murcia vivo, como morera, seda fabrico.
María Penacho parió un muchacho, ni vivo ni muerto, ni hembra ni macho.
¿Quién hace su casa en la verde rama, y allí a sus hijos solicita y llama?
En alto vive, en alto mora, en alto teje, la tejedora.
A la orilla de los ríos, croan sin meterse en líos, saltos dan, mas no son osos sino animales verdosos.
La jaula es su casa, su ropaje amarillo, con su canto alegra a todos los vecinos.
Sin salir de su casa por todos los sitios pasa.
¿Qué clarín suena en la noche que a todos desvela al punto? No es soldado, ni marino, ni músico de conjunto.
Todo lo lleva delante, los colmillos para la lucha y la trompa para la ducha.
