Un espléndido abanico
que no produce pavor,
sus alas, plumas y pico
son reales, sí señor.
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Adivina quien yo soy: al ir parece que vengo, y al venir, es que me voy.
Nunca camina por tierra, ni vuela, ni sabe nadar, pero aún así siempre corre, sube y baja sin parar.
Este es un animal, de tal modo original, que al ponerse cara arriba, ya no se llama igual.
De tierra morena vengo, estirando y encogiendo, amárrenme las gallinas, que a los perros no les temo.
De colores verderones, ojos grandes y saltones, tenemos las patas de atrás muy largas para saltar.
Del fin del estanque vengo, para mirar a los niños, a los cuales entretengo, con saltos, juegos y brincos. ¿Quién soy?
María Penacho parió un muchacho, ni vivo ni muerto, ni hembra ni macho.
Con su risa mañanera toda la playa alborota, pescadora y marinera.
Por más que se suena el moco le cuelga.
En alto vive, en alto mora, en alto teje, la tejedora.
