Un espléndido abanico
que no produce pavor,
sus alas, plumas y pico
son reales, sí señor.
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Soy un turco pues sustento las mujeres que me dan, con quien hago de galán; repártoles el sustento, de celos padezco afán. Roja diadema me adorna, el traje Dios me lo dio, y aunque carezco de dientes tengo fama de cantor.
Verde nace, verde se cría y verde sube los troncos arriba.
Mi reinado está en el mar, soy de peso regordeta; un día, siglos atrás, me tragué entero a un profeta aunque luego lo expulsé al pensar que estaba a dieta.
En el estanque me admiran, por mi elegancia y belleza tengo cuello largo y fino y muy bonita cabeza.
Míralo del derecho y del revés, va y viene, viene y va. Si taba no es, ¿Qué será?
Chao, chao, rabito «alzao».
A la orilla de los ríos, croan sin meterse en líos, saltos dan, mas no son osos sino animales verdosos.
Salta y salta, y la colita le falta.
Anda, nada, vuela, no gasta zapato, va dejando estela.
Lo mismo que un galgo valgo, su retrato soy y amigo, y si por el campo salgo, las liebres mucho persigo, y es cierto que no soy galgo.
