Un espléndido abanico
que no produce pavor,
sus alas, plumas y pico
son reales, sí señor.
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Grandes patazas, chicas manitas, lindos colores en mis alitas, salto y no sé dónde caeré.
Las cinco vocales en su nombre lleva, y no siendo ave por la noche vuela.
Un solo portero, un solo inquilino, tu casa redonda la llevas contigo.
Todo lo lleva delante, los colmillos para la lucha y la trompa para la ducha.
Adivina quien yo soy: al ir parece que vengo, y al venir, es que me voy.
Garra pero no mata, pata pero no de vaca.
Nadie admira tu cantar, ni tus patas, ni tu pico, ya que todos quedan prendados de tu abanico.
Topó mi padre en la iglesia con uno vestido de negro, ni era fraile, ni era cura, que era lo que dije primero.
Es la reina de los mares, su dentadura es muy buena, y por no ir nunca vacía, siempre dicen que va llena.
En un monte muy espeso anda un animal sin hueso.
