Un espléndido abanico
que no produce pavor,
sus alas, plumas y pico
son reales, sí señor.
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¿Quién hace en los troncos su oscura casita y allí esconde, avara, cuanto necesita?
Desde hace miles de años hemos transportado al hombre; ahora nos lleva escondidos en el motor de su coche.
Me roban mi vestidura porque la fuerza es su ley y visten con mis despojos desde el esclavo hasta el rey.
¿Quién es el que hace, ya le pregunten o no, con la cabeza que sí y con la cola que no?
Aunque no soy florista trabajo con flores y por más que me resista el hombre arrebata el fruto de mis labores.
Jamás de su casa sale y corre el monte y el valle.
Salta y salta, y la colita le falta.
Nadie admira tu cantar, ni tus patas, ni tu pico, ya que todos quedan prendados de tu abanico.
De frente miro al sol sin que me ciegue, más alto vuelo que ave alguna, símbolo soy de imperios y reyes y dos cabezas a veces me dibujan. ¿Quién soy?
El roer es mi trabajo, el queso mi aperitivo y el gato ha sido siempre mi más temido enemigo.
