Un espléndido abanico
que no produce pavor,
sus alas, plumas y pico
son reales, sí señor.
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Va caminando por un caminito, no tiene alas y va despacito.
Volando en el aire, y besando las flores, se pasa su vida, de luz y colores.
Anido en las torres, largo cuello tengo y todos los años por San Blas vengo.
Adivina quien yo soy: al ir parece que vengo, y al venir, es que me voy.
Del fin del estanque vengo, para mirar a los niños, a los cuales entretengo, con saltos, juegos y brincos. ¿Quién soy?
Es blanca como la nieve, es negra como el carbón, las patas como una vela, el cuello como una hoz.
Un solo portero, un solo inquilino, tu casa redonda la llevas contigo.
¿Qué clarín suena en la noche que a todos desvela al punto? No es soldado, ni marino, ni músico de conjunto.
Adivina adivinador, por las mañanas soy un gran cantor.
Todo lo lleva delante, los colmillos para la lucha y la trompa para la ducha.
