Un espléndido abanico
que no produce pavor,
sus alas, plumas y pico
son reales, sí señor.
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En alto vive, en alto mora, en alto teje, la tejedora.
Del fin del estanque vengo, para mirar a los niños, a los cuales entretengo, con saltos, juegos y brincos. ¿Quién soy?
Anido en las torres, largo cuello tengo y todos los años por San Blas vengo.
Prima hermana del conejo, aunque de lomo más alto, domina bien la carrera y el salto.
Sin salir de su casa por todos los sitios pasa.
Con su trompa preparada pasa a tu lado zumbando, se posa en tu piel desnuda y tu sangre va chupando.
En el campo me crié dando voces como loca; me ataron de pies y manos para quitarme la ropa.
Tiene famosa memoria, gran tamaño y dura piel, y la nariz más grandota que en el mundo pueda haber.
Canta cuando amanece y vuelve a cantar cuando el día desaparece.
Larga y lisa, larga y lisa, llevo puesta una camisa, toda bordada, bordada, sin costura ni puntada.
