Un espléndido abanico
que no produce pavor,
sus alas, plumas y pico
son reales, sí señor.
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Su padre relincha con pésima voz, su madre rebuzna y suelta una coz.
Garra pero no mata, pata pero no de vaca.
Mamífero rumiante de cuello alargado, por el desierto, errante, siempre anda jorobado.
Por aquel camino va caminando quien no es gente; adivínelo el prudente que el nombre se quedó atrás.
Sobre la vaca, la «o», a que no lo aciertas, no.
Tengo ocho patas cargadas de ventosas, y paseo por las rocas, meciéndome en las olas. ¿Quién soy?
Dos pinzas tengo, hacia atrás camino, de mar o de río en el agua vivo.
Larga y lisa, larga y lisa, llevo puesta una camisa, toda bordada, bordada, sin costura ni puntada.
No es cama, ni es león y desaparece en cualquier rincón
Salta y salta por los montes, usa las patas de atrás, su nombre ya te lo he dicho, fíjate y lo verás.
