Un espléndido abanico
que no produce pavor,
sus alas, plumas y pico
son reales, sí señor.
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A la orilla de los ríos, croan sin meterse en líos, saltos dan, mas no son osos sino animales verdosos.
Hablo y no pienso, lloro y no siento, río sin razón y miento sin intención.
Del fin del estanque vengo, para mirar a los niños, a los cuales entretengo, con saltos, juegos y brincos. ¿Quién soy?
Su padre relincha con pésima voz, su madre rebuzna y suelta una coz.
De colores muy galano, soy bruto y no lo parezco, perpetua prisión padezco, uso del lenguaje humano, si bien de razón carezco.
Cerca del polo, desnuda, sentada sobre una roca, suave, negra, bigotuda.
Va caminando por un caminito, no tiene alas y va despacito.
¿Quién es este que se arrima trayendo su casa encima?
No es león y tiene garra, no es pato y tiene pata.
¿Quién hace su casa en la verde rama, y allí a sus hijos solicita y llama?
