Un espléndido abanico
que no produce pavor,
sus alas, plumas y pico
son reales, sí señor.
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Vivo en el mar sin ser pez, y soy siempre juguetón, nunca me baño en el Rhin, pues soy el mismo del fin.
Teje con maña, caza con saña.
Te doy leche y mi lana, y para hablar digo: «beeeee», si no adivinas mi nombre yo nunca te lo diré.
No lo parezco y soy pez, y mi forma la refleja una pieza de ajedrez.
No vuela y tiene un ala, no es camión y hace «cran».
¿Quién hace su casa en la verde rama, y allí a sus hijos solicita y llama?
Por aquel camino va caminando quien no es gente; adivínelo el prudente que el nombre se quedó atrás.
Un bichito verde sobre la pared, corre que te corre, busca qué comer.
Grandes patazas, chicas manitas, lindos colores en mis alitas, salto y no sé dónde caeré.
De verde esmeralda sobre la tapiada, rabo rabilargo, pata estirada, corre que te corre, mocita salada.
