Un espléndido abanico
que no produce pavor,
sus alas, plumas y pico
son reales, sí señor.
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Me encuentras en la playa a la sombra y al sol, mi nombre tiene cara y también tiene col.
De tierra morena vengo, estirando y encogiendo, amárrenme las gallinas, que a los perros no les temo.
¿Cuál es el animal que siempre llega al final?
Salta y salta, y la colita le falta.
Mis patas largas, mi pico largo, hago mi casa en el campanario.
Tengo tinta, tengo plumas y brazos tengo, además, pero no puedo escribir, porque no aprendí jamás.
¿Cuál será aquel animal que rebuzna y no es borrico; en la cara, en el hocico y en el cuerpo es casi igual; que trabaja irracional, que lo que come merece, tiene de burro la cara, no es borrico y lo parece?
Dos pinzas tengo, hacia atrás camino, de mar o de río en el agua vivo.
Anda, nada, vuela, no gasta zapato, va dejando estela.
María Penacho parió un muchacho, ni vivo ni muerto, ni hembra ni macho.
