adivinanzas para niños

Un espléndido abanico
que no produce pavor,
sus alas, plumas y pico
son reales, sí señor.

 

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Jamás de su casa sale y corre el monte y el valle.

Tiene lamparitas de luz verde y cuando es de noche las enciende.

Tengo tinta, tengo plumas y brazos tengo, además, pero no puedo escribir, porque no aprendí jamás.

Cerca del polo, desnuda, sentada sobre una roca, suave, negra, bigotuda.

Mi reinado está en el mar, soy de peso regordeta; un día, siglos atrás, me tragué entero a un profeta aunque luego lo expulsé al pensar que estaba a dieta.

En alto vive, en alto mora, en alto teje, la tejedora.

Lo mismo que un galgo valgo, su retrato soy y amigo, y si por el campo salgo, las liebres mucho persigo, y es cierto que no soy galgo.

Del fin del estanque vengo, para mirar a los niños, a los cuales entretengo, con saltos, juegos y brincos. ¿Quién soy?

A la orilla de los ríos, croan sin meterse en líos, saltos dan, mas no son osos sino animales verdosos.

Voy con mi casa al hombro, camino sin tener patas, y voy marcando mi huella con un hilito de plata.