¿Qué es, qué es,
que te da en la cara
y no lo ves?
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Desde el día en que nací, corro y corro sin cesar: corro de noche y de día hasta llegar a la mar.
Un convento bien cerrado, sin campanas y sin torres y muchas monjitas dentro, preparan dulces de flores.
Alto, alto, como un pino, pesa menos que un comino.
¿Qué es, qué es, que te da en la cara y no lo ves?
No soy estación del Metro ni soy estación del tren, pero soy una estación donde mil flores se ven.
Muchas monjitas en un convento, visitan las flores y hacen dulces dentro.
Lleva años en el mar y aún no sabe nadar.
Alas de mil colores y se pierden entre las flores.
Son mis colores tan brillantes que el cielo alegro en un instante.
Nazco en lugares abruptos sin haber tenido padre y conforme voy muriendo va naciendo mi madre.
