Con la primavera,
llega la viajera.
Su nido es de barro
y su cola, de tijera.
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¿Qué clarín suena en la noche que a todos desvela al punto? No es soldado, ni marino, ni músico de conjunto.
María Penacho parió un muchacho, ni vivo ni muerto, ni hembra ni macho.
Trabajar, siempre mucho trabajé; aunque nunca estudié en la escuela me conocen bien; algunos dicen de mí: «terco bicho es» y Pinocho mucho se asustó cuando en mí casi se convirtió.
De un huevo sale, y para enviar mensajes vale.
Sal al campo por las noches, si me quieres conocer, soy señor de grandes ojos, cara seria y gran saber.
Tiene lamparitas de luz verde y cuando es de noche las enciende.
Mil damas en un camino sin polvo ni remolino.
Nunca pongo mala cara, aunque siempre me dan col, acierta bobalicón.
Viajeras somos de negros vestidos, debajo de las tejas hacemos los nidos.
Por aquel camino va caminando quien no es gente; adivínelo el prudente que el nombre se quedó atrás.
