Hay un hijo
que hace nacer
a la madre
que le dio el ser.
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Soy liso y llano en extremo, y, aunque me falta la voz, digo en su cara a cualquiera la más leve imperfección; contesto al que me pregunta sin lisonja ni aflicción, y si mala cara pone, la misma le pongo yo.
En el campo fui nacida, vestida de verdes ramas, y al pueblo me trajeron, para servir a las damas, a mí todo me regalan, caramelos, miel, melada, mas yo todo lo reparto, porque no sé comer nada.
Tengo dientes y no muerdo, desenredo con cuidado, caminos abro en tu pelo, ya sea liso o rizado.
En el campo soy hallada y al fuego alimento. Donde quiera que soy llevada, es para darme tormento.
Tiene agua y no es botijo, está siempre en el jardín. Cada vez que se enrosca, aunque no espanta a una mosca tiene pinta de reptil. ¿Qué será?
Caja llena de soldados, todos largos y delgados, con gorritos colorados.
Sin ella en la mano ni entras ni sales, ni vas a la calle.
Un barbecho bien labrado, ni entra mula, ni entra arado.
Tiene luna, no es planeta; tiene marco y no es puerta.
Es verdad que tú le miras, es mentira que te ve, sois iguales uno al otro, está claro que eres él.
