Al nacer fui maltratada,
mi dueño me tiene amor,
y aunque soy mujer honrada,
me suele tener atada
y con guardas mi señor.
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De nada me sirven, estas cuatro patas, que quieta estoy siempre, sobre mí, el durmiente.
Lámina que no se ve y nos protege del viento. Aunque la atraviesa el sol, se empaña con el aliento.
Te lo digo y no me entiendes, no tengo boca y si tengo dientes
Adivíname ésa.
Cabezón y muy delgado, que se pone siempre negro, después de haber sido frotado.
Golpe va, golpe viene y en su puesto se mantiene.
Es una caja habladora, que vive en todas las casas, y se calla a muy alta hora.
Es un campo colorado con los surcos muy derechos; muy en alto está situado e inclinado de dos lados.
Ni corre, ni vuela, pero siempre te precede, cuando vas o cuando llegas.
Aunque yo nunca me mueva por mí suben, por mi bajan; soy de diversas materias y mi utilidad la halagan.
