Al nacer fui maltratada,
mi dueño me tiene amor,
y aunque soy mujer honrada,
me suele tener atada
y con guardas mi señor.
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Estoy dentro de él y no puedo entrar en él.
Tiene un ojo y nada ve, por abrir no es cosa dura, sin embargo por cerrar, sí que cierra y sí que es dura.
De nada me sirven, estas cuatro patas, que quieta estoy siempre, sobre mí, el durmiente.
Una caja en tu casa que te sube y que te baja.
Aunque tengo cuatro patas, yo nunca puedo correr, tengo la comida encima, y no la puedo comer.
Cabecita fría la noche haces día cuando te restriego, cabeza de fuego.
Cuatro patas tiene, así como asiento; de ella me levanto y en ella me siento.
Cuando la entrada yo les prohíbo, son muchos golpes los que recibo.
En la mesa me ponen y sobre mí todos comen.
Es una pera colgada que toda la casa alumbra sin tener humo ni llama.
