Al nacer fui maltratada,
mi dueño me tiene amor,
y aunque soy mujer honrada,
me suele tener atada
y con guardas mi señor.
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Ni corre, ni vuela, pero siempre te precede, cuando vas o cuando llegas.
Un animalito con cuatro dientes, que nos trae comida muy diligente.
Es un campo colorado con los surcos muy derechos; muy en alto está situado e inclinado de dos lados.
Soy liso y llano en extremo, y, aunque me falta la voz, digo en su cara a cualquiera la más leve imperfección; contesto al que me pregunta sin lisonja ni aflicción, y si mala cara pone, la misma le pongo yo.
Hay un hijo que hace nacer a la madre que le dio el ser.
No soy el sol, tampoco el fuego; pero la casa bien que caliento.
Sube llena, baja vacía, y si no se da prisa, la sopa se enfría,
Cuatro patas tiene y no puede andar también cabecera sin saber hablar.
Pequeña como una pera y alumbra la casa entera.
Cabecita fría la noche haces día cuando te restriego, cabeza de fuego.
