Al nacer fui maltratada,
mi dueño me tiene amor,
y aunque soy mujer honrada,
me suele tener atada
y con guardas mi señor.
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Pequeña como una pera y alumbra la casa entera.
Si me mojas hago espuma, con ojitos de cristal, y tu cuerpo se perfuma, mientras llega mi final.
No pienses que es una col, o que baila el chachachá; búscala sobre tu cama, que yo te la he dicho ya.
Como conoce la clave, gira por su laberinto y deja entrar al recinto.
Al nacer fui maltratada, mi dueño me tiene amor, y aunque soy mujer honrada, me suele tener atada y con guardas mi señor.
Habla y no tiene boca, oye y no tiene oído, es chiquito y hace ruido, muchas veces se equivoca.
¿Quién pensaréis que yo soy, que cuanto más y más lavo, mucho más sucia me voy?
No soy el sol, tampoco el fuego; pero la casa bien que caliento.
Lo usa el tendero para comer, lo lleva entero si sabes leer.
Estoy dentro de él y no puedo entrar en él.
