Alta como un pino,
verde como un lino,
con las hojas anchas
y el fruto amarillo.
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Verde fue mi nacimiento, amarillo mi vivir, en una sábana blanca me envuelven para morir.
En primavera te deleito, en verano te refresco, en otoño te alimento y en invierno te caliento.
Aunque es madre nunca ha parido, aunque es selva nunca dio abrigo; nace y no sabe andar pero enseguida se pone a trepar.
Antes éramos lozanas, en el estío, verdillas, ahora el viento nos lleva de un lado a otro, amarillas.
Dime tú que cosa maja. Cuanto más crece más baja.
Es un gran señorón tiene verde sombrero y pantalón marrón.
En la tierra te sembraron, las aves te desearon, cuando estuviste dorado los hombres te segaron.
Los dátiles son mi fruto y palmas doy a lo bruto.
Giro mi cuerpo ante el sol, por ser mi dueño y señor.
En el origen la respuesta está, en el fin, continuidad, y si no dice la verdad, tienes la réplica ya.
