Cabecita fría
la noche haces día
cuando te restriego,
cabeza de fuego.
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En lo más alto me ponen para que el viento me dé, soy guía para los hombres y siempre estoy de pié.
Cuando te veo me ves, cuando me ves te veo, y no te parezco feo.
Estoy dentro de él y no puedo entrar en él.
Tiene agua y no es botijo, está siempre en el jardín. Cada vez que se enrosca, aunque no espanta a una mosca tiene pinta de reptil. ¿Qué será?
Como conoce la clave, gira por su laberinto y deja entrar al recinto.
Es un campo colorado con los surcos muy derechos; muy en alto está situado e inclinado de dos lados.
Poseo dientes y ojos y para hacerme trabajar me has de meter en cerrojos.
Doy vueltas y no soy tiempo, un secreto sé guardar, si no me cuidan, me pierdo. ¿Con mi nombre sabrás dar?
Sale de la sala, entra en la cocina, meneando la cola como una gallina.
Los tejados protejo y buenas canales dejo.
