Cabecita fría
la noche haces día
cuando te restriego,
cabeza de fuego.
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Hay un hijo que hace nacer a la madre que le dio el ser.
Aunque músculos no tengo, los techos yo sostengo.
En lo más alto me ponen para que el aire me dé. El aire me zarandea, Y siempre lo miro a él.
Llevo secretos a voces, corriendo por esos mundos y sin que nadie los oiga los doy en unos segundos.
Durante el verano escondido, en el invierno encendido.
Estoy dentro de él y no puedo entrar en él.
Cuatro patas tiene y no puede andar también cabecera sin saber hablar.
Un campo bien labrado no gasta reja ni arado.
Es un campo colorado con los surcos muy derechos; muy en alto está situado e inclinado de dos lados.
Cuando te veo me ves, cuando me ves te veo, y no te parezco feo.
