Cabecita fría
la noche haces día
cuando te restriego,
cabeza de fuego.
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De nada me sirven, estas cuatro patas, que quieta estoy siempre, sobre mí, el durmiente.
En los baños suelo estar, aunque provengo del mar.
Tengo patas bien derechas, mas no me puedo mover, llevo a cuestas la comida y no la puedo comer.
Tengo dientes y no muerdo, desenredo con cuidado, caminos abro en tu pelo, ya sea liso o rizado.
Lámina que no se ve y nos protege del viento. Aunque la atraviesa el sol, se empaña con el aliento.
Su forma es de pera, aunque es de cristal da luz sin espera para cada cual.
Aunque soy iluminada siempre me tienen colgada.
Tiene luna, no es planeta; tiene marco y no es puerta.
Sale de la sala, entra en la cocina, meneando la cola como una gallina.
Del techo al suelo, cortada y fina, tela con vuelo.
