Cabecita fría
la noche haces día
cuando te restriego,
cabeza de fuego.
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Quien me mira se refleja así nadie tendrá una queja.
Es una caja habladora, que vive en todas las casas, y se calla a muy alta hora.
En el buen tiempo a nadie marea, en cuanto llueve repiquetea.
Soy de cabeza redonda y me sostengo en un solo pie. Soy de tal fortaleza que a Dios hombre sujeté.
Del techo al suelo, cortada y fina, tela con vuelo.
Soy liso y llano en extremo, y, aunque me falta la voz, digo en su cara a cualquiera la más leve imperfección; contesto al que me pregunta sin lisonja ni aflicción, y si mala cara pone, la misma le pongo yo.
En invierno se usa porque da calor en verano estorba y se echa al rincón.
Sale de la sala, entra en la cocina, meneando la cola como una gallina.
En lo más alto me ponen para que el aire me dé. El aire me zarandea, Y siempre lo miro a él.
Cabezón y muy delgado, que se pone siempre negro, después de haber sido frotado.
