Cabecita fría
la noche haces día
cuando te restriego,
cabeza de fuego.
más adivinanzas de cosas de la casa...
No soy el sol, tampoco el fuego; pero la casa bien que caliento.
Siempre andamos por el suelo de alcobas y de salones y en historias orientales hasta hacemos algún vuelo.
De mi madre nací yo, sin fundamento de padre, y luego me he muerto yo y de mi nació mi madre.
No pienses que es una col, o que baila el chachachá; búscala sobre tu cama, que yo te la he dicho ya.
¿Quién pensaréis que yo soy, que cuanto más y más lavo, mucho más sucia me voy?
Ni corre, ni vuela, pero siempre te precede, cuando vas o cuando llegas.
Soy liso y llano en extremo, y, aunque me falta la voz, digo en su cara a cualquiera la más leve imperfección; contesto al que me pregunta sin lisonja ni aflicción, y si mala cara pone, la misma le pongo yo.
Que timbre y número tenga y en verdad portal no sea es cierto, y el que desea hablar por él, no lo cuelga.
Durante el verano escondido, en el invierno encendido.
Como conoce la clave, gira por su laberinto y deja entrar al recinto.
