Cabecita fría
la noche haces día
cuando te restriego,
cabeza de fuego.
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En el campo soy hallada y al fuego alimento. Donde quiera que soy llevada, es para darme tormento.
¿Que le pones a una caja que la hace más ligera?
Del techo al suelo, cortada y fina, tela con vuelo.
Golpe va, golpe viene y en su puesto se mantiene.
Pequeña como una pera y alumbra la casa entera.
Si me mojas hago espuma, con ojitos de cristal, y tu cuerpo se perfuma, mientras llega mi final.
Adivíname ésa.
Al nacer fui maltratada, mi dueño me tiene amor, y aunque soy mujer honrada, me suele tener atada y con guardas mi señor.
Cuando te veo me ves, cuando me ves te veo, y no te parezco feo.
No soy el sol, tampoco el fuego; pero la casa bien que caliento.
