Canto en la orilla,
vivo en el agua,
no soy pescado,
ni soy cigarra.
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Un espléndido abanico que no produce pavor, sus alas, plumas y pico son reales, sí señor.
Donde nadie sube, trepo, donde nadie anda, trisco, muy poco estoy en el valle, pues lo mío son los riscos.
Del agua soy, tierra y aire cuando de andar me canso, si se me antoja vuelo si se me antoja nado.
Dos torres altas, dos miradores, un quitamoscas, cuatro andadores.
Garra pero no mata, pata pero no de vaca.
Volando en el aire, y besando las flores, se pasa su vida, de luz y colores.
Una pata con dos pies, ¿es cosa que puede ser?
María Penacho parió un muchacho, ni vivo ni muerto, ni hembra ni macho.
Trabajar, siempre mucho trabajé; aunque nunca estudié en la escuela me conocen bien; algunos dicen de mí: «terco bicho es» y Pinocho mucho se asustó cuando en mí casi se convirtió.
¿Qué animal de buen olfato, cazador dentro de casa, rincón por rincón repasa y lame, si pilla, un plato?
