Canto en la orilla,
vivo en el agua,
no soy pescado,
ni soy cigarra.
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Lo rascaba llorando de la crin a la cola y en él se iba trotando por una loma.
Tengo ocho patas cargadas de ventosas, y paseo por las rocas, meciéndome en las olas. ¿Quién soy?
Con su trompa preparada pasa a tu lado zumbando, se posa en tu piel desnuda y tu sangre va chupando.
¿Qué clarín suena en la noche que a todos desvela al punto? No es soldado, ni marino, ni músico de conjunto.
Prima hermana del conejo, aunque de lomo más alto, domina bien la carrera y el salto.
Topó mi padre en la iglesia con uno vestido de negro, ni era fraile, ni era cura, que era lo que dije primero.
Alto, altanero, gran caballero, gorro de grana, capa dorada, espuelas de acero.
No lo parezco y soy pez, y mi forma la refleja una pieza de ajedrez.
Cuando nada en los ríos parece un tronco flotante, pero si muestra sus dientes todos huyen al instante.
La jaula es su casa, su ropaje amarillo, con su canto alegra a todos los vecinos.
