Cerca del polo, desnuda,
sentada sobre una roca,
suave, negra, bigotuda.
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No es león y tiene garra, no es pato y tiene pata.
Hablo y no pienso, lloro y no siento, río sin razón y miento sin intención.
A la orilla de los ríos, croan sin meterse en líos, saltos dan, mas no son osos sino animales verdosos.
Tengo tinta, tengo plumas y brazos tengo, además, pero no puedo escribir, porque no aprendí jamás.
Larga y lisa, larga y lisa, llevo puesta una camisa, toda bordada, bordada, sin costura ni puntada.
Va caminando por un caminito, no tiene alas y va despacito.
Te doy leche y mi lana, y para hablar digo: «beeeee», si no adivinas mi nombre yo nunca te lo diré.
Un espléndido abanico que no produce pavor, sus alas, plumas y pico son reales, sí señor.
¿Quién allá en lo alto en las ramas mora y allí esconde, avara, todo lo que roba?
Todo lo lleva delante, los colmillos para la lucha y la trompa para la ducha.
