Cerca del polo, desnuda,
sentada sobre una roca,
suave, negra, bigotuda.
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Orejas largas, rabo cortito; corro y salto muy ligerito.
Si la tienes tú la buscas, si no la tienes, ni la buscas, ni la quieres.
Anido en las torres, largo cuello tengo y todos los años por San Blas vengo.
Canta cuando amanece y vuelve a cantar cuando el día desaparece.
Detras de mi corre el perro, voy detras de los ratones, me gusta comer pescado y acostarme en los sillones. ¿Quién soy?
Un espléndido abanico que no produce pavor, sus alas, plumas y pico son reales, sí señor.
Mi nombre lo leo, mi apellido es pardo, quién no lo adivine, es un poco tardo.
Cuando nada en los ríos parece un tronco flotante, pero si muestra sus dientes todos huyen al instante.
Lo rascaba llorando de la crin a la cola y en él se iba trotando por una loma.
Dos pinzas tengo, hacia atrás camino, de mar o de río en el agua vivo.
