Cerca del polo, desnuda,
sentada sobre una roca,
suave, negra, bigotuda.
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Adivina quien soy yo. Que al ir parece que vengo, y al venir es que me voy.
Es la reina de los mares, su dentadura es muy buena, y por no ir nunca vacía, siempre dicen que va llena.
Anido en las torres, largo cuello tengo y todos los años por San Blas vengo.
Cargadas van, cargadas vienen y en el camino no se detienen.
Mamífero rumiante de cuello alargado, por el desierto, errante, siempre anda jorobado.
No vuela y tiene un ala, no es camión y hace «cran».
Mis patas largas, mi pico largo, hago mi casa en el campanario.
La jaula es su casa, su ropaje amarillo, con su canto alegra a todos los vecinos.
Vivo en el mar sin ser pez, y soy siempre juguetón, nunca me baño en el Rhin, pues soy el mismo del fin.
¿Qué clarín suena en la noche que a todos desvela al punto? No es soldado, ni marino, ni músico de conjunto.
