Cerca del polo, desnuda,
sentada sobre una roca,
suave, negra, bigotuda.
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No es cama, ni es león y desaparece en cualquier rincón
De frente miro al sol sin que me ciegue, más alto vuelo que ave alguna, símbolo soy de imperios y reyes y dos cabezas a veces me dibujan. ¿Quién soy?
Voy con mi casa al hombro, camino sin tener patas, y voy marcando mi huella con un hilito de plata.
Su padre relincha con pésima voz, su madre rebuzna y suelta una coz.
Lo rascaba llorando de la crin a la cola y en él se iba trotando por una loma.
Aunque no soy pajarillo canto sin ninguna pena y cuando en plural me usan represento la condena.
¿Qué clarín suena en la noche que a todos desvela al punto? No es soldado, ni marino, ni músico de conjunto.
Con su risa mañanera toda la playa alborota, pescadora y marinera.
De cierto animal di el nombre: es quien vigila la casa, quien avisa si alguien pasa y es fiel amigo del hombre.
Soy dama cruel, temerosa, me paseo en verde prado, y todo aquel que me mira se queda muy espantado. Yo luzco un largo vestido que en tienda no fue comprado, no fue por mano de sastre, ni medido, ni cortado.
