Cerca del polo, desnuda,
sentada sobre una roca,
suave, negra, bigotuda.
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Salta y salta, y la colita le falta.
Es tan grande mi fortuna que estreno todos los años un vestido sin costura, de colores salpicado.
Mamífero rumiante de cuello alargado, por el desierto, errante, siempre anda jorobado.
Soy chiquitito, puedo nadar, vivo en los ríos y en alta mar.
Soy roja como un rubí y llevo pintitas negras, me encuentro en el jardín, en las plantas o en la hierba.
Tengo tinta, tengo plumas y brazos tengo, además, pero no puedo escribir, porque no aprendí jamás.
Dos torres altas, dos miradores, un quitamoscas, cuatro andadores.
Un solo portero, un solo inquilino, tu casa redonda la llevas contigo.
Trabajar, siempre mucho trabajé; aunque nunca estudié en la escuela me conocen bien; algunos dicen de mí: «terco bicho es» y Pinocho mucho se asustó cuando en mí casi se convirtió.
De frente miro al sol sin que me ciegue, más alto vuelo que ave alguna, símbolo soy de imperios y reyes y dos cabezas a veces me dibujan. ¿Quién soy?
