Cinco brazos, no te miento,
habita siempre en el mar,
aunque la puedes hallar
de noche en el firmamento.
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Olas me llevan, olas me traen, pero las velas nunca se me caen.
Sin estrujarte el testuz y rápido cual centella, ¿sabrás decirme qué estrella nunca jamás tiene luz?
¿Qué bicho dirás que es, que es algo y nada a la vez?
Llegamos sin cesar, una tras otra, desde el mar a la playa a descansar. A veces, sin embargo, más furiosas, los barcos podemos destrozar.
Cinco brazos, no te miento, habita siempre en el mar, aunque la puedes hallar de noche en el firmamento.
No lo parezco y soy pez, y mi forma la refleja una pieza de ajedrez.
Dos pinzas tengo, hacia atrás camino, de mar o de río en el agua vivo.
En mí se mueren los ríos, y por mí los barcos van, muy breve es el nombre mío, tres letras tiene, no más.
Ni de día, ni de noche puede mi vela alumbrar, pero cuando sopla el viento muy bien suelo navegar.
Un truquito este pez tiene que no todo el mundo sabe: si a su nombre quitas la «ene», va y se transforma en ave.
