Como una ametralladora
se escucha mi tableteo;
pero estoy en la oficina,
que mi oficio no es guerrero.
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Soy pequeño, pequeñito, más con tal poder y arte que, si no me pegan bien, no van a ninguna parte.
Con sus páginas abiertas te va ilustrando la mente, si alguna vez lo prestaras, lo perderás para siempre.
Si me mojas y me pegas viajará la mensajera.
Campo blanco, flores negras, un arado, cinco yeguas.
Dos son tres, tres son cuatro y cuatro son seis. ¿Qué son?
Como una ametralladora se escucha mi tableteo; pero estoy en la oficina, que mi oficio no es guerrero.
Jamás aprendí a escribir y soy muy gran escribana y, con invención galana, te suelo siempre servir sin cansar tarde y mañana.
Contengo todas las letras, los números y los signos, si me aprietan con los dedos escriben hasta los niños.
Todas las palabras sé y, aunque todas las explico, nunca las pronunciaré.
Blancos son los campos, las semillas negras, cinco son los bueyes que el arado llevan.
