adivinanzas para niños

Como una ametralladora
se escucha mi tableteo;
pero estoy en la oficina,
que mi oficio no es guerrero.

 

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Con sus páginas abiertas te va ilustrando la mente, si alguna vez lo prestaras, lo perderás para siempre.

No me hace falta sacar pasaje: me mojan la espalda y me voy de viaje.

Cruza los ríos, también los mares, vuela sin alas a todas partes.

Sabana blanca tendida, mariquita negra le baila encima.

Entre mis hojas se esconden hadas, princesas y duendes. Cuando me lees de noche, sin darte cuenta te duermes.

Por dentro carbón, por fuera madera, en tu maletón voy a la escuela.

Suelo ir de mano en mano, hojas tengo y no soy flor, y aun teniendo muchas letras no soy de nadie deudor.

Sin hablar puedo decir lo que mi dueño ha pensado; tengo un carro, aunque sin mula, y me muero en tres espacios.

Blancos son los campos, las semillas negras, cinco son los bueyes que el arado llevan.

Aunque sea tan pequeño, siempre separo y siempre detengo.