Como una ametralladora
se escucha mi tableteo;
pero estoy en la oficina,
que mi oficio no es guerrero.
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Jamás aprendí a escribir y soy muy gran escribana y, con invención galana, te suelo siempre servir sin cansar tarde y mañana.
Cruza los ríos, también los mares, vuela sin alas a todas partes.
Como una ametralladora se escucha mi tableteo; pero estoy en la oficina, que mi oficio no es guerrero.
Entre mis hojas se esconden hadas, princesas y duendes. Cuando me lees de noche, sin darte cuenta te duermes.
Bolita tengo tinta, también capucha tengo y escribo bien.
Aunque sea tan pequeño, siempre separo y siempre detengo.
Blancos son los campos, las semillas negras, cinco son los bueyes que el arado llevan.
Sin ser árbol, tengo hojas, sin ser bestia, un buen lomo y mi nombre en cada tomo.
Sabana blanca tendida, mariquita negra le baila encima.
Soy blanca como la nieve, me ponen sobre una mesa, para escribir sobre mí cuanto venga a la cabeza.
