Cuatro puntos son
y para distinguirlos
necesitamos del sol.
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Son mis colores tan brillantes que el cielo alegro en un instante.
Un convento bien cerrado, sin campanas y sin torres y muchas monjitas dentro, preparan dulces de flores.
Él es tío sin sobrinos, a todos calienta igual. Si no sabes de quién hablo, tras la primavera vendrá.
En el cielo soy de agua, en la tierra soy de polvo, en las iglesias de humo y mancha blanca en los ojos.
En verano barbudo y en invierno desnudo, ¡esto es muy duro!
Llevo, sin ser arlequín, de colores mi librea, yo salgo de tarde en tarde y espero siempre a que llueva.
Es una enorme naranja pero de zumo salado, los gajos se le suponen entre un par de meridianos.
Lomos y cabeza tengo y aunque vestida no estoy, muy largas faldas mantengo.
¿Qué es, qué es, que te da en la cara y no lo ves?
Tengo lecho y no me acuesto tengo curso sin ser maestro.
