Cuatro puntos son
y para distinguirlos
necesitamos del sol.
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Girando toda su vida, toda su vida girando y no aprendió a ser más rápida da una vuelta y tarda un día, da otra vuelta y tarda un año.
Viene del cielo, del cielo viene, a unos disgusta y a otros mantiene.
Alto, alto, como un pino, pesa menos que un comino.
Lleva años en el mar y aún no sabe nadar.
Un convento bien cerrado, sin campanas y sin torres y muchas monjitas dentro, preparan dulces de flores.
El cielo y la tierra se van a juntar; la ola y la nube se van a enredar. Vayas donde vayas siempre lo verás, por mucho que andes nunca llegarás.
No ves el sol, no ves la luna, y si está en el cielo no ves cosa alguna.
Aparece por delante, por los lados, por la espalda, te descuidas un instante y te levanta la falda.
Vuela en el aire, pace en la tierra, se posa en los árboles, anda en la mano, se deshace en el horno y se ahoga en el agua.
Nazco y muero sin cesar; sigo no obstante existiendo, y, sin salir de mi lecho, me encuentro siempre corriendo.
