Cuatro puntos son
y para distinguirlos
necesitamos del sol.
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Como el algodón suelo en el aire flotar, a veces otorgo lluvia y otras, sólo humedad.
Tengo lecho y no me acuesto tengo curso sin ser maestro.
Son mis colores tan brillantes que el cielo alegro en un instante.
Cuatro puntos son y para distinguirlos necesitamos del sol.
En mí se mueren los ríos, y por mí los barcos van, muy breve es el nombre mío, tres letras tiene no más.
No soy estación del Metro ni soy estación del tren, pero soy una estación donde mil flores se ven.
Viene del cielo, del cielo viene, a unos disgusta y a otros mantiene.
Vuela en el aire, pace en la tierra, se posa en los árboles, anda en la mano, se deshace en el horno y se ahoga en el agua.
Llevo, sin ser arlequín, de colores mi librea, yo salgo de tarde en tarde y espero siempre a que llueva.
Muchas monjitas en un convento, visitan las flores y hacen dulces dentro.
