Cuatro puntos son
y para distinguirlos
necesitamos del sol.
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Son mis colores tan brillantes que el cielo alegro en un instante.
Aparece por delante, por los lados, por la espalda, te descuidas un instante y te levanta la falda.
Sin vacación en sus cursos, al principio son pequeños, suelen nacer en montañas y morir de marineros.
El cielo y la tierra se van a juntar; la ola y la nube se van a enredar. Vayas donde vayas siempre lo verás, por mucho que andes nunca llegarás.
Es tan humilde y tan buena que hasta se deja pisar; para el almuerzo y la cena la vaca la va a tomar.
No soy estación del Metro ni soy estación del tren, pero soy una estación donde mil flores se ven.
Un convento bien cerrado, sin campanas y sin torres y muchas monjitas dentro, preparan dulces de flores.
Tengo lecho y no me acuesto tengo curso sin ser maestro.
Alas de mil colores y se pierden entre las flores.
Alto, alto, como un pino, pesa menos que un comino.
