En lo más alto me ponen
para que el aire me dé.
El aire me zarandea,
Y siempre lo miro a él.
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Es tu favorita cuando sientes frío; la encuentras escrita en el verso mío.
Es verdad que tú le miras, es mentira que te ve, sois iguales uno al otro, está claro que eres él.
Sin ella en la mano ni entras ni sales, ni vas a la calle.
Cuatro patas tiene y no puede andar también cabecera sin saber hablar.
Aunque al dormir me consultan, nunca suelo contestar.
De nada me sirven, estas cuatro patas, que quieta estoy siempre, sobre mí, el durmiente.
Aunque músculos no tengo, los techos yo sostengo.
Tiene un ojo y nada ve, por abrir no es cosa dura, sin embargo por cerrar, sí que cierra y sí que es dura.
Con patas y espalda, no se mueve ni anda.
Soy liso y llano en extremo, y, aunque me falta la voz, digo en su cara a cualquiera la más leve imperfección; contesto al que me pregunta sin lisonja ni aflicción, y si mala cara pone, la misma le pongo yo.
