En verano barbudo
y en invierno desnudo,
¡esto es muy duro!
más adivinanzas de la naturaleza...
Desde el día en que nací, corro y corro sin cesar: corro de noche y de día hasta llegar a la mar.
Como una peonza da vueltas al sol, gira que gira, sin tener motor.
Vuela en el aire, pace en la tierra, se posa en los árboles, anda en la mano, se deshace en el horno y se ahoga en el agua.
Son mis colores tan brillantes que el cielo alegro en un instante.
Alto, alto, como un pino, pesa menos que un comino.
Aparece por delante, por los lados, por la espalda, te descuidas un instante y te levanta la falda.
Un convento bien cerrado, sin campanas y sin torres y muchas monjitas dentro, preparan dulces de flores.
Tengo lecho y no me acuesto tengo curso sin ser maestro.
Viene del cielo, del cielo viene, a unos disgusta y a otros mantiene.
Nazco y muero sin cesar; sigo no obstante existiendo, y, sin salir de mi lecho, me encuentro siempre corriendo.
