Es tan grande mi fortuna
que estreno todos los años
un vestido sin costura,
de colores salpicado.
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Desde hace miles de años hemos transportado al hombre; ahora nos lleva escondidos en el motor de su coche.
Duro por arriba, duro por abajo, cara de serpiente y patas de palo.
De tierra morena vengo, estirando y encogiendo, amárrenme las gallinas, que a los perros no les temo.
Canto en la orilla, vivo en el agua, no soy pescado, ni soy cigarra.
Vuelo de noche, duermo de día y nunca verás plumas en ala mía.
Es negro como un curita y no se cansa de hacer bolitas.
Tengo ocho patas cargadas de ventosas, y paseo por las rocas, meciéndome en las olas. ¿Quién soy?
¿Quién es el que hace, ya le pregunten o no, con la cabeza que sí y con la cola que no?
Tengo alas y pico y hablo y hablo sin saber lo que digo.
María Penacho parió un muchacho, ni vivo ni muerto, ni hembra ni macho.
