Las hijas de este animal
son pequeñas y delgadas,
pero por su gran sabor,
son muy caras y apreciadas.
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No pienses en otras cosas, que las tienes en el mar, o las ves llegar furiosas, o las ves mansas llegar.
Tengo ocho patas cargadas de ventosas, y paseo por las rocas, meciéndome en las olas. ¿Quién soy?
Cinco brazos, no te miento, habita siempre en el mar, aunque la puedes hallar de noche en el firmamento.
El padre en el mar y el hijo a rezar.
Dos pinzas tengo, hacia atrás camino, de mar o de río en el agua vivo.
Soy pequeño y alargado, en dos conchas colocado, como no puedo nadar, me pego a las rocas del mar.
Adivina quien yo soy: al ir parece que vengo, y al venir, es que me voy.
Soy el que jamás descansa y va y viene sin cesar. Nunca me puedo secar. Jamás te aburre mi danza. En presencia o añoranza tu siempre me vas a amar.
Ella no tiene pies, y si te descuidas, parece un pez.
Un truquito este pez tiene que no todo el mundo sabe: si a su nombre quitas la «ene», va y se transforma en ave.
