Mi nombre lo leo,
mi apellido es pardo,
quién no lo adivine,
es un poco tardo.
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Cargadas van, cargadas vienen y en el camino no se detienen.
Un espléndido abanico que no produce pavor, sus alas, plumas y pico son reales, sí señor.
Sal al campo por las noches, si me quieres conocer, soy señor de grandes ojos, cara seria y gran saber.
Soy sabia y no tuve escuela para mí no hubo doctrina soy maestra de cocina y cocino sin candela.
Jamás de su casa sale y corre el monte y el valle.
No es león y tiene garra, no es pato y tiene pata.
Viajeras somos de negros vestidos, debajo de las tejas hacemos los nidos.
Canta cuando amanece y vuelve a cantar cuando el día desaparece.
Voy con mi casa al hombro, camino sin tener patas, y voy marcando mi huella con un hilito de plata.
Tengo tinta, tengo plumas y brazos tengo, además, pero no puedo escribir, porque no aprendí jamás.
