Oro parece,
plata no es,
abre la cortina
y verás lo que es
más adivinanzas de frutas...
Tengo nombre de ciudad, con cierta fruta concuerdo y muerdo en la realidad. ¿Qué soy?
No soy de oro, plata no soy; ya te he dicho quién soy.
Arca, monarca, llena de placer; ningún carpintero te ha sabido hacer.
Era un sol en miniatura y en el árbol la encontré. Cuando sin piel la dejé, me fascinó su frescura. ¿Qué es?
Soy redonda como el mundo al morir me despedazan, me reducen a pellejo y todo el jugo me sacan
Ave y no vuela, llana y es curva. Quien no adivine ésta, no adivinará ninguna.
Es santa y no bautizada, y trae consigo el día, gorda es y colorada y tiene la sangre fría.
Si la dejamos se pasa; si la vendemos se pesa; si se hace vino se pisa; si la dejamos se posa.
A esta fruta se le culpa y fue cosa del demonio, pues comieron de su pulpa los del primer matrimonio.
Ave soy, pero no vuelo; mi nombre es cosa muy llana: soy una simple serrana, hija de un hijo del suelo.
