Para unos soy muy corto;
para otros, regular;
para los tristes muy largo;
para Dios, la eternidad.
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Son doce hermanas y todas gastan medias y, aunque, van numeradas todas son cantadas.
Los siete son hermanitos y viven un solo día: cuando uno nace otro muere, y así se pasan la vida.
Aquí estamos doce hermanos; yo, que el segundo nací, soy el menor entre todos: ¿Cómo puede ser así?
Unas surgen con la luna, a otras las alumbra el sol, todas juegan al corro y todas hermanas son.
Me hallo en los escritorios y en las casas comerciales, todos me miran quien soy para ver lo que contengo. Mis días están contados y el día que voy a morir ya se sabe de antemano.
Tengo agujas y no sé coser, tengo números y no sé leer.
Juntos dos en un borrico, ambos andan a la par, doce leguas anda uno y una el otro nada más.
De siete en siete vamos cogiditos de las manos.
¿Qué cosa no ha sido y tiene que ser, y que cuando sea dejará de ser?
Somos sesenta mellizos, en torno de nuestra madre, tenemos sesenta hijitos y toditos son iguales.
