Para unos soy muy corto;
para otros, regular;
para los tristes muy largo;
para Dios, la eternidad.
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En un castillo redondo, doce caballeros de guardia están; un flaco lancero y un gordo escudero, marchan al compás.
Fui y no soy, no soy y fui, mañana seré y hablan siempre de mí.
Me hallo en los escritorios y en las casas comerciales, todos me miran quien soy para ver lo que contengo. Mis días están contados y el día que voy a morir ya se sabe de antemano.
Estoy condenado a un año y un día; si esto es cada cuatro, ¿mi nombre, sabrías?
¿Qué día será, que entre el sábado y el lunes está?
Para unos soy muy corto; para otros, regular; para los tristes muy largo; para Dios, la eternidad.
Soy un caballero muy aseñorado, tengo doce damas para mi regalo, todas van en coche y gastan sus cuartos, todas usan medias, pero no zapatos.
Somos doce hermanos y yo el más chiquito; cada cuatro años me crece el rabito.
Son doce hermanas y todas gastan medias y, aunque, van numeradas todas son cantadas.
Todos me esperan pero nunca llego, porque cuando llego yo desaparezco.
