Para unos soy muy corto;
para otros, regular;
para los tristes muy largo;
para Dios, la eternidad.
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Doce señoritas en un mirador, todas tienen medias y zapatos no.
En un castillo redondo, doce caballeros de guardia están; un flaco lancero y un gordo escudero, marchan al compás.
De siete en siete vamos cogiditos de las manos.
Todos me esperan pero nunca llego, porque cuando llego yo desaparezco.
Tengo agujas y no sé coser, tengo números y no sé leer.
Brazos tengo desiguales y a mi ritmo se mueven los mortales.
Dos hermanas en la plaza, ambas marchan a la par, si una da doce vueltas, la otra una, nada más.
Me hallo en los escritorios y en las casas comerciales, todos me miran quien soy para ver lo que contengo. Mis días están contados y el día que voy a morir ya se sabe de antemano.
Como te cases o te embarques en este día fatal, todo te saldrá mal.
Para unos soy muy corto; para otros, regular; para los tristes muy largo; para Dios, la eternidad.
