Somos doce hermanos
y yo el más chiquito;
cada cuatro años
me crece el rabito.
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Soy un caballero muy aseñorado, tengo doce damas para mi regalo, todas van en coche y gastan sus cuartos, todas usan medias, pero no zapatos.
Brazos tengo desiguales y a mi ritmo se mueven los mortales.
Quién es un viejo ligero, que es de cuatro movimientos puestos en doce cimientos, que, a cualquier pasajero, da más penas que contentos.
¿Qué día será, que entre el sábado y el lunes está?
Juntos dos en un borrico, ambos andan a la par, doce leguas anda uno y una el otro nada más.
Todos me esperan pero nunca llego, porque cuando llego yo desaparezco.
Me hallo en los escritorios y en las casas comerciales, todos me miran quien soy para ver lo que contengo. Mis días están contados y el día que voy a morir ya se sabe de antemano.
De aquí al domingo seis pasos, seis cielos que veo pasar, seis mañanas, seis ocasos ¿Cómo me debo llamar?
Corre más que un ciclista, nunca da marcha atrás, si lo pierdes de vista, ¡cómo envejecerás!
Doce son los hermanitos, uno es el benjamín, siete son los mayorcitos y los cuatro restantes los más pequeñitos.
