Sobre la vaca, la «o»,
a que no lo aciertas, no.
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Tengo el nombre de una niña, crezco en el fondo del mar y en la arena de la playa tú me puedes encontrar.
No lo parezco y soy pez, y mi forma la refleja una pieza de ajedrez.
El padre en el mar y el hijo a rezar.
Soy pequeño y alargado, en dos conchas colocado, como no puedo nadar, me pego a las rocas del mar.
Uso aguja sin coser, corto sin tijeras, y ando sin pié.
Las hijas de este animal son pequeñas y delgadas, pero por su gran sabor, son muy caras y apreciadas.
En mí se mueren los ríos, y por mí los barcos van, muy breve es el nombre mío, tres letras tiene, no más.
Un truquito este pez tiene que no todo el mundo sabe: si a su nombre quitas la «ene», va y se transforma en ave.
Ella no tiene pies, y si te descuidas, parece un pez.
En una cala del mar, aunque con muy mala pinta, dispuesto para pintar utilizando su tinta.
