Sobre la vaca, la «o»,
a que no lo aciertas, no.
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El padre en el mar y el hijo a rezar.
Uso aguja sin coser, corto sin tijeras, y ando sin pié.
No lo parezco y soy pez, y mi forma la refleja una pieza de ajedrez.
El cielo y la tierra se van a juntar; la ola y la nube se van a enredar. Vayas donde vayas siempre lo verás, por mucho que andes nunca llegarás.
Un truquito este pez tiene que no todo el mundo sabe: si a su nombre quitas la «ene», va y se transforma en ave.
En una cala del mar, aunque con muy mala pinta, dispuesto para pintar utilizando su tinta.
Soy el que jamás descansa y va y viene sin cesar. Nunca me puedo secar. Jamás te aburre mi danza. En presencia o añoranza tu siempre me vas a amar.
Tengo tinta, tengo plumas y brazos tengo, además, pero no puedo escribir, porque no aprendí jamás.
Ella no tiene pies, y si te descuidas, parece un pez.
Tengo ocho patas cargadas de ventosas, y paseo por las rocas, meciéndome en las olas. ¿Quién soy?
