Somos sesenta mellizos,
en torno de nuestra madre,
tenemos sesenta hijitos
y toditos son iguales.
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Todos me esperan pero nunca llego, porque cuando llego yo desaparezco.
Quién es un viejo ligero, que es de cuatro movimientos puestos en doce cimientos, que, a cualquier pasajero, da más penas que contentos.
Para unos soy muy corto; para otros, regular; para los tristes muy largo; para Dios, la eternidad.
Somos sesenta mellizos, en torno de nuestra madre, tenemos sesenta hijitos y toditos son iguales.
Nos llegan muy de mañana y se van mucho después, regresan cada semana y cuatro veces al mes.
Cuando apenas he nacido, mi vida se acaba al punto; aunque no soy el primero, lo sigo por todo el mundo.
Juntos dos en un borrico, ambos andan a la par, doce leguas anda uno y una el otro nada más.
Cada año nazco gordito y cada año me muero flaquito. ¿Qué soy?
Como te cases o te embarques en este día fatal, todo te saldrá mal.
Dos hermanas en la plaza, ambas marchan a la par, si una da doce vueltas, la otra una, nada más.
