Soy un caballero muy aseñorado,
tengo doce damas para mi regalo,
todas van en coche y gastan sus cuartos,
todas usan medias, pero no zapatos.
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Tengo agujas y no sé coser, tengo números y no sé leer.
De aquí al domingo seis pasos, seis cielos que veo pasar, seis mañanas, seis ocasos ¿Cómo me debo llamar?
En un castillo redondo, doce caballeros de guardia están; un flaco lancero y un gordo escudero, marchan al compás.
Aquí estamos doce hermanos; yo, que el segundo nací, soy el menor entre todos: ¿Cómo puede ser así?
Doce señoritas en un mirador, todas tienen medias y zapatos no.
Dos hermanas en la plaza, ambas marchan a la par, si una da doce vueltas, la otra una, nada más.
Nos llegan muy de mañana y se van mucho después, regresan cada semana y cuatro veces al mes.
Somos sesenta mellizos, en torno de nuestra madre, tenemos sesenta hijitos y toditos son iguales.
De siete en siete vamos cogiditos de las manos.
Doce palomitas en un palomar, a la hora y a los cuartos salen a volar.
