Una señora, muy aseñorada,
tiene muchos dientes
y se cose a puntadas.
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Si bien empiezo con bo, no soy bota ni botijo, ¡bobo, tonto!, ¡qué lo he dicho!
¿Quién es esa señora, que tiene la propiedad, de estirar bien lo arrugado y de arrugar lo estirado, con igual facilidad?
Una cosa que no es cosa y lo es.
De mi ojo cuelga un hilo largo, que une las telas y hace las prendas.
Dos hermanas diligentes que caminan al compás, con el pico por delante y los ojos por detrás.
Siempre de mí dicen algo, aunque muy humilde soy; no soy señor y me tratan, con la nobleza del don.
Don dedín tiene un sombrero para no hacerse agujeros.
Dama da, dama deja, y no se queja de lo que deja.
Tan largo como un camino, proviene de vegetal, y a pesar de su extensión, en un cesto puede estar.
Cuando pasa ¡cómo pisa!, deja rasa la camisa.
