Muy chiquito, chiquitito,
que pone fin a lo escrito.
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Como una ametralladora se escucha mi tableteo; pero estoy en la oficina, que mi oficio no es guerrero.
No me hace falta sacar pasaje: me mojan la espalda y me voy de viaje.
Muy chiquito, chiquitito, que pone fin a lo escrito.
Soy blanca como la nieve, me ponen sobre una mesa, para escribir sobre mí cuanto venga a la cabeza.
Sin ser árbol, tengo hojas, sin ser bestia, un buen lomo y mi nombre en cada tomo.
Entre mis hojas se esconden hadas, princesas y duendes. Cuando me lees de noche, sin darte cuenta te duermes.
Por dentro carbón, por fuera madera, en tu maletón voy a la escuela.
Yo salgo todos los días por eso me llaman diario. Estoy lleno de noticias, sucesos y comentarios.
Soy pequeño, pequeñito, más con tal poder y arte que, si no me pegan bien, no van a ninguna parte.
Suelo ir de mano en mano, hojas tengo y no soy flor, y aun teniendo muchas letras no soy de nadie deudor.
