Anda, nada, vuela,
no gasta zapato,
va dejando estela.
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Hablo y no pienso, lloro y no siento, río sin razón y miento sin intención.
Mi reinado está en el mar, soy de peso regordeta; un día, siglos atrás, me tragué entero a un profeta aunque luego lo expulsé al pensar que estaba a dieta.
Va caminando por un caminito, no tiene alas y va despacito.
Lo rascaba llorando de la crin a la cola y en él se iba trotando por una loma.
Donde nadie sube, trepo, donde nadie anda, trisco, muy poco estoy en el valle, pues lo mío son los riscos.
Si la tienes tú la buscas, si no la tienes, ni la buscas, ni la quieres.
Su padre relincha con pésima voz, su madre rebuzna y suelta una coz.
Adivina quien yo soy: al ir parece que vengo, y al venir, es que me voy.
Trabajar, siempre mucho trabajé; aunque nunca estudié en la escuela me conocen bien; algunos dicen de mí: «terco bicho es» y Pinocho mucho se asustó cuando en mí casi se convirtió.
Un solo portero, un solo inquilino, tu casa redonda la llevas contigo.
