Anda, nada, vuela,
no gasta zapato,
va dejando estela.
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No es cama, ni es león y desaparece en cualquier rincón
Es negro como un curita y no se cansa de hacer bolitas.
Trabajar, siempre mucho trabajé; aunque nunca estudié en la escuela me conocen bien; algunos dicen de mí: «terco bicho es» y Pinocho mucho se asustó cuando en mí casi se convirtió.
Tengo ocho patas cargadas de ventosas, y paseo por las rocas, meciéndome en las olas. ¿Quién soy?
Aunque yo llevo pijama, siempre ando muy despierta, por no servir al león de suculenta merienda.
Tengo de rey la cabeza calzo espuela pavonada, llevo barba colorada, mi sueño temprano empieza y madrugo a la alborada.
Chao, chao, rabito «alzao».
La jaula es su casa, su ropaje amarillo, con su canto alegra a todos los vecinos.
Es tan grande mi fortuna que estreno todos los años un vestido sin costura, de colores salpicado.
Si la tienes tú la buscas, si no la tienes, ni la buscas, ni la quieres.
