adivinanzas para niños

Aunque las adornamos a ellas
cuando no tenemos carreras,
la gente tiene manía
de no llamarnos enteras.

 

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Nuestra dueña nos coloca uno a cada lado, siempre pendientes, siempre colgados.

Pisados, siempre en el suelo, recibiendo malos tratos, y sin señales de duelo.

De pergaminos, o sedas, o papel hechos estamos; en verano gusto damos; las manos han de estar quedas, si es que nuestro oficio usamos.

Vivo en el campo y en una ciudad grande, y soy chico pero me usan por igual, si dices mi nombre solo dirás la mitad.

Rodeo cuellos y cuellos, tanto de ellas como de ellos.

Dos guaridas cálidas con sus escondrijos, para dos hermanas y sus quintillizos.

Colgada voy por delante y al hombre hago elegante.

Mi padre al cuello la ata y, poco a poco, la aprieta hasta llegar a su meta.

Con dos patas encorvadas y dos amplios ventanales quitan sol o dan visión según sean sus cristales.

Santa con nombre de flor, y, a pesar de este retrato, me confunden con zapato.