Aunque las adornamos a ellas
cuando no tenemos carreras,
la gente tiene manía
de no llamarnos enteras.
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Redondito, redondón, no tiene tapa ni tapón.
Me pones y me quitas, me tomas y me dejas, conmigo no tiritas y estoy hecho de madejas.
Redondo, redondo, sin tapa, sin fondo.
Aunque las adornamos a ellas cuando no tenemos carreras, la gente tiene manía de no llamarnos enteras.
Ahí vienen dos: uno se moja y el otro no.
Me lleváis, me traéis, y si sois nuevos quizás me mordéis.
Santa con nombre de flor, y, a pesar de este retrato, me confunden con zapato.
Dos guaridas cálidas con sus escondrijos, para dos hermanas y sus quintillizos.
Mi padre al cuello la ata y, poco a poco, la aprieta hasta llegar a su meta.
Hoy cuando me levanté, puse uno en cada pie. Como no son los zapatos, dime tú... ¿qué puede ser?
