adivinanzas para niños

Aunque las adornamos a ellas
cuando no tenemos carreras,
la gente tiene manía
de no llamarnos enteras.

 

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Mi padre al cuello la ata y, poco a poco, la aprieta hasta llegar a su meta.

Resuélveme este dilema: «soy una, pero soy media».

No me utilizan los patos más me llevan de apellido, con «Z» empieza mi nombre, ¡y ya el resto es pan comido!

El pie tapo al instante igual que si fuera un guante.

Rodeo cuellos y cuellos, tanto de ellas como de ellos.

Una piel que es otra piel, una mano que no es mano y el frío se aguanta bien.

No he de darte más razones, sin mi perderías los pantalones.

En las manos de las damas casi siempre estoy metido, unas veces desplegado otras veces recogido.

Tienen justo cinco dedos como la mano; se rellenan en invierno, se vacían en verano.

Ahí vienen dos: uno se moja y el otro no.