Cuando sonríes asoman
blancos como el azahar
unas cositas que cortan
y que pueden masticar.
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Cuando sonríes asoman blancos como el azahar unas cositas que cortan y que pueden masticar.
Atrás panza y delante espinazo, aciértamelo pedazo de ganso.
Con ella vives, con ella hablas, con ella rezas y hasta bostezas.
Del nogal vengo, y en el cuello del hombre, me cuelgo.
Dos niñas van a la par, y no se pueden mirar.
Uno larguito, dos más bajitos, otro chico y flaco, y otro gordazo.
Laterales parapetos, que van siempre por parejas, les encantan los secretos.
Al revolver una esquina me encontré con un convento, las monjas vestidas de blanco, la superiora en el centro, más arriba dos ventanas, más todavía un par de espejos y en lo más alto la plaza donde pasean los caballeros.
Una capilla llena de gente y un capellán en medio que predica siempre
Parecen persianas, que suben y bajan.
