Doce señoritas
en un mirador,
todas tienen medias
y zapatos no.
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Cuando apenas he nacido, mi vida se acaba al punto; aunque no soy el primero, lo sigo por todo el mundo.
Un árbol con doce ramas, cada rama, cuatro nidos; cada nido, siete pájaros: cada cual con su apellido.
¿Qué día será, que entre el sábado y el lunes está?
¿Qué cosa no ha sido y tiene que ser, y que cuando sea dejará de ser?
Para unos soy muy corto; para otros, regular; para los tristes muy largo; para Dios, la eternidad.
Me hallo en los escritorios y en las casas comerciales, todos me miran quien soy para ver lo que contengo. Mis días están contados y el día que voy a morir ya se sabe de antemano.
Quién es un viejo ligero, que es de cuatro movimientos puestos en doce cimientos, que, a cualquier pasajero, da más penas que contentos.
Corre más que un ciclista, nunca da marcha atrás, si lo pierdes de vista, ¡cómo envejecerás!
Soy un caballero muy aseñorado, tengo doce damas para mi regalo, todas van en coche y gastan sus cuartos, todas usan medias, pero no zapatos.
Somos doce hermanos y yo el más chiquito; cada cuatro años me crece el rabito.
