Doce señoritas
en un mirador,
todas tienen medias
y zapatos no.
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Me hallo en los escritorios y en las casas comerciales, todos me miran quien soy para ver lo que contengo. Mis días están contados y el día que voy a morir ya se sabe de antemano.
Para unos soy muy corto; para otros, regular; para los tristes muy largo; para Dios, la eternidad.
Unas surgen con la luna, a otras las alumbra el sol, todas juegan al corro y todas hermanas son.
Son doce hermanas y todas gastan medias y, aunque, van numeradas todas son cantadas.
Aquí estamos doce hermanos; yo, que el segundo nací, soy el menor entre todos: ¿Cómo puede ser así?
Te indica el día, te indica el mes, te indica el año. Dime ¿qué es?
Fui y no soy, no soy y fui, mañana seré y hablan siempre de mí.
De aquí al domingo seis pasos, seis cielos que veo pasar, seis mañanas, seis ocasos ¿Cómo me debo llamar?
Los siete son hermanitos y viven un solo día: cuando uno nace otro muere, y así se pasan la vida.
Estoy condenado a un año y un día; si esto es cada cuatro, ¿mi nombre, sabrías?
