Doce señoritas
en un mirador,
todas tienen medias
y zapatos no.
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Cada año nazco gordito y cada año me muero flaquito. ¿Qué soy?
Corre más que un ciclista, nunca da marcha atrás, si lo pierdes de vista, ¡cómo envejecerás!
Fui y no soy, no soy y fui, mañana seré y hablan siempre de mí.
Aquí estamos doce hermanos; yo, que el segundo nací, soy el menor entre todos: ¿Cómo puede ser así?
Para unos soy muy corto; para otros, regular; para los tristes muy largo; para Dios, la eternidad.
Son doce hermanas y todas gastan medias y, aunque, van numeradas todas son cantadas.
Doce caballeros, nacidos del sol, todos mueren antes de los treinta y dos.
Dos hermanas en la plaza, ambas marchan a la par, si una da doce vueltas, la otra una, nada más.
Juntos dos en un borrico, ambos andan a la par, doce leguas anda uno y una el otro nada más.
Nos llegan muy de mañana y se van mucho después, regresan cada semana y cuatro veces al mes.
