Doce señoritas
en un mirador,
todas tienen medias
y zapatos no.
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Brazos tengo desiguales y a mi ritmo se mueven los mortales.
Doce son los hermanitos, uno es el benjamín, siete son los mayorcitos y los cuatro restantes los más pequeñitos.
En un castillo redondo, doce caballeros de guardia están; un flaco lancero y un gordo escudero, marchan al compás.
Un árbol con doce ramas, cada rama, cuatro nidos; cada nido, siete pájaros: cada cual con su apellido.
Como te cases o te embarques en este día fatal, todo te saldrá mal.
Unas surgen con la luna, a otras las alumbra el sol, todas juegan al corro y todas hermanas son.
Aquí estamos doce hermanos; yo, que el segundo nací, soy el menor entre todos: ¿Cómo puede ser así?
Corre más que un ciclista, nunca da marcha atrás, si lo pierdes de vista, ¡cómo envejecerás!
Son doce hermanas y todas gastan medias y, aunque, van numeradas todas son cantadas.
Doce palomitas en un palomar, a la hora y a los cuartos salen a volar.
