Doce señoritas
en un mirador,
todas tienen medias
y zapatos no.
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Fui y no soy, no soy y fui, mañana seré y hablan siempre de mí.
Soy un caballero muy aseñorado, tengo doce damas para mi regalo, todas van en coche y gastan sus cuartos, todas usan medias, pero no zapatos.
Nos llegan muy de mañana y se van mucho después, regresan cada semana y cuatro veces al mes.
Aquí estamos doce hermanos; yo, que el segundo nací, soy el menor entre todos: ¿Cómo puede ser así?
Te indica el día, te indica el mes, te indica el año. Dime ¿qué es?
Me hallo en los escritorios y en las casas comerciales, todos me miran quien soy para ver lo que contengo. Mis días están contados y el día que voy a morir ya se sabe de antemano.
Doce señoritas en un mirador, todas tienen medias y zapatos no.
Cuando apenas he nacido, mi vida se acaba al punto; aunque no soy el primero, lo sigo por todo el mundo.
Tengo agujas y no sé coser, tengo números y no sé leer.
Quién es un viejo ligero, que es de cuatro movimientos puestos en doce cimientos, que, a cualquier pasajero, da más penas que contentos.
