En alto vive,
en alto vuela,
en alto toca
las castañuelas.
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Soy señor muy elegante y excelente nadador, y puedo hacer con mi cuello signos de interrogación.
María Penacho parió un muchacho, ni vivo ni muerto, ni hembra ni macho.
¿Quién es el que hace, ya le pregunten o no, con la cabeza que sí y con la cola que no?
Larga y lisa, larga y lisa, llevo puesta una camisa, toda bordada, bordada, sin costura ni puntada.
Trabajar, siempre mucho trabajé; aunque nunca estudié en la escuela me conocen bien; algunos dicen de mí: «terco bicho es» y Pinocho mucho se asustó cuando en mí casi se convirtió.
Mi nombre lo leo, mi apellido es pardo, quién no lo adivine, es un poco tardo.
Un espléndido abanico que no produce pavor, sus alas, plumas y pico son reales, sí señor.
Es negro como un curita y no se cansa de hacer bolitas.
Adivina quien yo soy: al ir parece que vengo, y al venir, es que me voy.
¿Qué clarín suena en la noche que a todos desvela al punto? No es soldado, ni marino, ni músico de conjunto.
