En un castillo redondo,
doce caballeros
de guardia están;
un flaco lancero
y un gordo escudero,
marchan al compás.
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Doce caballeros, nacidos del sol, todos mueren antes de los treinta y dos.
Fui y no soy, no soy y fui, mañana seré y hablan siempre de mí.
Quién es un viejo ligero, que es de cuatro movimientos puestos en doce cimientos, que, a cualquier pasajero, da más penas que contentos.
Doce señoritas en un mirador, todas tienen medias y zapatos no.
¿Qué cosa, qué cosa es? que vuela sin tener alas, y corre sin tener pies.
Tengo agujas y no sé coser, tengo números y no sé leer.
Brazos tengo desiguales y a mi ritmo se mueven los mortales.
Corre más que un ciclista, nunca da marcha atrás, si lo pierdes de vista, ¡cómo envejecerás!
Para unos soy muy corto; para otros, regular; para los tristes muy largo; para Dios, la eternidad.
Son doce hermanas y todas gastan medias y, aunque, van numeradas todas son cantadas.
