Pequeña como una pera
y alumbra la casa entera.
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En el campo fui nacida, vestida de verdes ramas, y al pueblo me trajeron, para servir a las damas, a mí todo me regalan, caramelos, miel, melada, mas yo todo lo reparto, porque no sé comer nada.
Aunque yo nunca me mueva por mí suben, por mi bajan; soy de diversas materias y mi utilidad la halagan.
Está hecha de metal, de madera o de cristal y golpes siempre recibe cuando la entrada prohíbe.
¿Quién pensaréis que yo soy, que cuanto más y más lavo, mucho más sucia me voy?
Siempre andamos por el suelo de alcobas y de salones y en historias orientales hasta hacemos algún vuelo.
Como conoce la clave, gira por su laberinto y deja entrar al recinto.
Lo usa el tendero para comer, lo lleva entero si sabes leer.
Aunque músculos no tengo, los techos yo sostengo.
Llevo secretos a voces, corriendo por esos mundos y sin que nadie los oiga los doy en unos segundos.
Pequeña como una pera y alumbra la casa entera.
