Poseo dientes y ojos
y para hacerme trabajar
me has de meter en cerrojos.
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Una señorita de carnes muy blandas, que sin ser enferma siempre está en la cama.
Aunque tengo cuatro patas, yo nunca puedo correr, tengo la comida encima, y no la puedo comer.
En un cuarto me arrinconan sin acordarse de mí, pero pronto van a buscarme cuando tienen que subir.
Poseo dientes y ojos y para hacerme trabajar me has de meter en cerrojos.
La cara que yo acaricio, dejo de seda al momento, porque ni un pelo se resiste a mi marcha, ¡buen invento!
Cuatro patas tiene y no puede andar también cabecera sin saber hablar.
Aunque de comida voy cargado, la gente me vacía, y nunca soy tragado.
Tengo dientes y no muerdo, desenredo con cuidado, caminos abro en tu pelo, ya sea liso o rizado.
Cabezón y muy delgado, que se pone siempre negro, después de haber sido frotado.
En el campo fui nacida, vestida de verdes ramas, y al pueblo me trajeron, para servir a las damas, a mí todo me regalan, caramelos, miel, melada, mas yo todo lo reparto, porque no sé comer nada.
