Poseo dientes y ojos
y para hacerme trabajar
me has de meter en cerrojos.
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De nada me sirven, estas cuatro patas, que quieta estoy siempre, sobre mí, el durmiente.
En lo más alto me ponen para que el aire me dé. El aire me zarandea, Y siempre lo miro a él.
Siempre andamos por el suelo de alcobas y de salones y en historias orientales hasta hacemos algún vuelo.
Cuatro patas tiene y no puede andar también cabecera sin saber hablar.
Poseo dientes y ojos y para hacerme trabajar me has de meter en cerrojos.
Al nacer fui maltratada, mi dueño me tiene amor, y aunque soy mujer honrada, me suele tener atada y con guardas mi señor.
Un barbecho bien labrado, ni entra mula, ni entra arado.
Vivo en alta situación y en continuo movimiento, con exactitud presento del aire la dirección.
Golpe va, golpe viene y en su puesto se mantiene.
Es venta y no se vende, es Ana, pero no es gente.
