¿Que le pones a una caja que la hace más ligera?
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Vivo en alta situación y en continuo movimiento, con exactitud presento del aire la dirección.
Soy liso y llano en extremo, y, aunque me falta la voz, digo en su cara a cualquiera la más leve imperfección; contesto al que me pregunta sin lisonja ni aflicción, y si mala cara pone, la misma le pongo yo.
Aunque músculos no tengo, los techos yo sostengo.
En invierno se usa porque da calor en verano estorba y se echa al rincón.
Como conoce la clave, gira por su laberinto y deja entrar al recinto.
Tiene agua y no es botijo, está siempre en el jardín. Cada vez que se enrosca, aunque no espanta a una mosca tiene pinta de reptil. ¿Qué será?
La cara que yo acaricio, dejo de seda al momento, porque ni un pelo se resiste a mi marcha, ¡buen invento!
Una caja en tu casa que te sube y que te baja.
Aunque no hable, lo cuenta todo por cable.
Aunque tengo cuatro patas, yo nunca puedo correr, tengo la comida encima, y no la puedo comer.
