¿Que le pones a una caja que la hace más ligera?
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Todos me buscan, para descansar, si ya te lo he dicho, no lo pienses más.
Durante el verano escondido, en el invierno encendido.
Un animalito con cuatro dientes, que nos trae comida muy diligente.
Soy liso y llano en extremo, y, aunque me falta la voz, digo en su cara a cualquiera la más leve imperfección; contesto al que me pregunta sin lisonja ni aflicción, y si mala cara pone, la misma le pongo yo.
Del techo al suelo, cortada y fina, tela con vuelo.
En el campo fui nacida, vestida de verdes ramas, y al pueblo me trajeron, para servir a las damas, a mí todo me regalan, caramelos, miel, melada, mas yo todo lo reparto, porque no sé comer nada.
Aunque músculos no tengo, los techos yo sostengo.
En un cuarto me arrinconan sin acordarse de mí, pero pronto van a buscarme cuando tienen que subir.
Una caja en tu casa que te sube y que te baja.
Es un campo colorado con los surcos muy derechos; muy en alto está situado e inclinado de dos lados.
