Tengo duro el corazón
pulpa blanca y
liquido en mi interior
más adivinanzas de frutas...
Somos cien hermanitos, todos muy igualitos y estamos encerrados en un globo bonito.
Ave soy, pero no vuelo; mi nombre es cosa muy llana: soy una simple serrana, hija de un hijo del suelo.
Son de color chocolate, se ablandan con el calor y si se meten al horno explotan con gran furor.
Si la dejamos se pasa; si la vendemos se pesa; si se hace vino se pisa; si la dejamos se posa.
Ni espero que me lo aciertes, ni espero que me bendigas, y, con un poco de suerte, espero que me lo digas.
Oro parece, plata no es, abre la cortina y verás lo que es
Blanca por dentro, verde por fuera. Si quieres que te lo diga espera.
No soy de oro, plata no soy; ya te he dicho quién soy.
A esta fruta se le culpa y fue cosa del demonio, pues comieron de su pulpa los del primer matrimonio.
Agua pasa por mi casa, cate por mi corazón. El que no lo adivinara, será un burro cabezón.
