Un solo portero,
un solo inquilino,
tu casa redonda
la llevas contigo.
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Nadie admira tu cantar, ni tus patas, ni tu pico, ya que todos quedan prendados de tu abanico.
¿Qué animal de buen olfato, cazador dentro de casa, rincón por rincón repasa y lame, si pilla, un plato?
Soy sabia y no tuve escuela para mí no hubo doctrina soy maestra de cocina y cocino sin candela.
Mis patas largas, mi pico largo, hago mi casa en el campanario.
El roer es mi trabajo, el queso mi aperitivo y el gato ha sido siempre mi más temido enemigo.
Si la tienes tú la buscas, si no la tienes, ni la buscas, ni la quieres.
Jamás de su casa sale y corre el monte y el valle.
Mi casa llevo a cuestas, tras de mí dejo un sendero, soy lento de movimientos, no le gusto al jardinero.
Voy con mi casa al hombro, camino sin tener patas, y voy marcando mi huella con un hilito de plata.
La jaula es su casa, su ropaje amarillo, con su canto alegra a todos los vecinos.
